El archivo de Bolívar se fracciona en tres partes.

(Izq). General Pedro Briceño Méndez; (Cent.) General Daniel Florencio O´Leary; (Der.) Don Juan de Francisco Martín.

Una vez que Juan de Francisco Martín decide en 1831 la conservación del archivo, seguramente impulsado por Daniel Florencio O´Leary[1] luego de haber revisado con avidez su contenido, los nuevos custodios toman una decisión que, siendo trascendental para la historia que estamos siguiendo, vuelve a poner en riesgo la existencia de los papeles de Bolívar.

Hallándose dispersos por América, y aun por el mundo, los fieles amigos del Libertador, muchos de ellos sentían el compromiso moral de defender la memoria y obra del hombre que había entregado su existencia misma para la independencia de los países y la liberación de los pueblos; pero encontrándose ellos mismos política y militarmente derrotados, el único medio del que disponen para esta nueva lucha era la pluma y la imprenta. Esta labor ya había comenzado en vida del Gran Hombre, con innumerables artículos de prensa y folletos que circularon por América y Europa, que si bien, la mayoría de ellos, con esplendor y maestría formaron trinchera para repeler los ataques de los enemigos del Libertador, muy pocos de estos trabajos estaban sustentados con documentos que sirvieran de elementos probatorios de sus opiniones.

Por otra parte, las colecciones documentales que se difundían en esos días, como las de los periódicos La Gazeta de Caracas, El Correo del Orinoco, La Gazeta de Santa Fe de Bogotá, El Correo Nacional (de Maracaibo), La Gazeta de Colombia, entre otros, tenían solo un interés informativo del avance de la lucha independentista[2]. Faltaba entonces que se pudiera reunir en un solo trabajo exposiciones argumentadas y prueba documental; y eso era lo que se proponían O´Leary y Pedro Briceño Méndez.

El Dr. Vicente Lecuna, el más destacado de los defensores del renombre de Bolívar, nos cuenta que para llenar este deber el albacea y el edecán decidieron fraccionar el contenido de los 10 baúles en tres partes: los documentos de 1813 a 1818 le fueron remitidos a Briceño Méndez, que se encontraba en Curazao (¿?); los de 1819 a 1830 fueron guardados por O´Leary; y una buena cantidad del residuo de las dos partes anteriores la reservó para sí Juan de Francisco Martín[3].

Hoy sabemos muy poco a que obedeció la forma de tal repartimiento, ante lo cual surgen alguna interrogantes: ¿Qué criterio privó para hacer ese fraccionamiento cronológico para las dos primeras secciones?; ¿por qué Briceño Méndez relataría solo cinco años de una historia en la que él participó desde el inicio, y que duró cerca de veinte?; ¿tenía Juan de Francisco Martín la intención de escribir también un relato histórico sobre Bolívar?; ¿por qué solo guardó un remanente de la división de documentos de las dos secciones que se reservaron para los primeros?. Después de los propios protagonistas, solo Vicente Lecuna podía ofrecer detalles que esclarecieran estas interrogantes, pero en uno y otro caso no ha sido posible obtener respuestas; y si bien las tales interrogantes no sean piezas claves de ninguna discusión trascendental, decimos con el profesor Edgardo Mondolfi Gudat que “forman parte de la impenitente curiosidad que en este caso, como en muchos otros, debe guiar a todo historiador.”[4] 

Por ahora solo podremos seguir la pista de las tres secciones del archivo de Bolívar, siguiendo los pasos de sus tres nuevos custodios.




[1] Vease la entrada de este mismo blog El“Bendito” Pecado de la Desobediencia.
[2] Para mayor abundamiento historiográfico del tema de las publicaciones con material documental bolivariano, véase los amplísimos estudios de Pedro Grases, como el ya citado “El Archivo de Bolívar manuscritos y ediciones.” De EQUINOCCIO, editorial de la Universidad Simón Bolívar, Caracas, Venezuela, 1978; y los prólogos y estudios preliminares de sus muchas obras.
[3] Lecuna, Vicente. La Casa Natal del Libertador. Sociedad Bolivariana de Venezuela; Caracas 1954, pág. 56- 57.
[4] Separata del Estudio introductorio a la Historia de las aventuras y sufrimientos de Moses Smith, publicada en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela Tomo LXXXIX, N° 354, abril-junio de 2006, pág. 117

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