Miranda, generador y archivador de papeles.

Al salir de Venezuela rumbo a España el 25 de enero de 1771, el joven Sebastián Francisco se acompaña de varios papeles que le eran necesarios para edificarse ante las autoridades peninsulares y lograr su objetivo de ingresar al ejército de Su Majestad. Además, a bordo de fragata sueca Príncipe Federico que lo lleva de La Guaira a Cádiz, realiza las primeras anotaciones de lo que será el primer reflejo su aventurera vida: sus diarios de viaje. Con estos papeles, sus documentos de identificación y presentación y su primer diario, Francisco de Miranda da inicio a su archivo personal, y podemos decir que se inicia también una pasión personal que hoy a derivado en Memoria del Mundo declarada por la UNESCO en 2007[1]Tres fueron los motores que llevaron a Francisco de Miranda a convertirse en un gran generador y archivador de papeles a lo largo de su azarosa vida: la lucha por la libertad, su pasión por el estudio y los constantes viajes que realizó.


Enorme cantidad de manuscritos e impresos fue acopiando El Precursor a lo largo de su vida impulsado por estos motores. En castellano, francés, griego, inglés y otros idiomas, Miranda se preocupó siempre en dejar escrito sus pareceres sobre distintos temas: la defensa de Melilla (1775), ciudades y lugares que visitaba, su acción durante la Revolución Francesa, sus gestiones para la liberación de Hispanoamérica, etc.

Sin embargo, en múltiples ocasiones Miranda debió reiniciar el acopio de diversos papeles
Bernardo de Gálvez, por Mariano Salvador Maella, 1774.
para restituir su archivo, debido a las constantes situaciones adversas en que se encontró a lo largo de su vida y en las que en casi todas se suscitaba la perdida de sus bienes.  Por ejemplo, en 1782, por una orden de detención emanada desde España por delitos de “
retención de libros prohibidos y pinturas indecentes” Bernardo de Gálvez, Capitán General de Cuba, secuestra los papeles de Miranda y decide quemar los que pudieran perjudicarle a él o a algunos allegados[2]. Bernardo del Campo, representante español en Londres, y el Secretario de Estado de España José Moñino y Redondo, Conde de Floridablanca, también urdieron planes (entre 1783 y 1785) para cercenar “mucha parte de este tesoro de papeles[3] que “según las apariencias son muy importantes[4]. En 1791 Miranda reclama a William Pitt, Primer Ministro de Inglaterra, que no retardara “de ningún modo, la entrega de mis papeles, que para mí tienen un precio muy superior al del dinero[5]; papeles que en 1792 se daban por perdidos[6].

Pese a esos y otros inconvenientes, Miranda logra mantener una muy importante cantidad de papeles (manuscritos e impresos) que a la larga formaran el Archivo que hoy es memoria del mundo.

En reconocimiento y homenaje a esa noble afición de conservar, organizar y preservar papeles, el 27 de febrero de 1974 se decretó que el 28 de marzo de cada año, coincidiendo con la fecha del natalicio del Precursor, se celebrara también el Día del Archivero en Venezuela[7].


[1] Las razones, por más obvias que son, se presentan en la página del Registro de la Memoria del Mundo de la UNESCO, consultada el 28-06-2017: http://www.unesco.org/new/es/communication-and-information/memory-of-the-world/register/full-list-of-registered-heritage/registered-heritage-page-2/colombeia-generalissimo-francisco-de-mirandas-archives/ 
[2] Archivo de Miranda, Sección Viajes, Tomo IV, Folio 153-154.
[3] Henríquez Uzcátegui, Gloria: Los papeles de Miranda. Academia Nacional de la Historia, 1984; pág. 31
[4] Ibid.
[5] Archivo de Miranda, Sección Negociaciones, Tomo I, Folio 138 vuelto.
[6] Ibid. Folio 140 vuelto.
[7] Gaceta Oficial de la República de Venezuela, N° 30.342 del 2 de marzo de 1974, año CI, mes V. 

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