El Marqués de Rojas sabía dónde estaba el Archivo de Miranda.

Probablemente se trate del primer venezolano que luego de más setenta años informara del paradero de los tomos encuadernados que contenían los papeles del Precursor de la independencia hispanoamericana y primer venezolano universal, Francisco de Miranda.

El Marqués de Rojas, cuyo nombre de pila era José María de Rojas (1828-1907), fue un abogado, diplomático y escritor protagonista de varios capítulos de la decimonónica vida política venezolana; su pluma fue prolija en el campo de la literatura y la historia, al igual que su hermano Arístides Rojas. Íntimamente relacionado con Antonio Guzmán Blanco, acompañó a éste en su misión a Europa en 1863 con el fin de negociar el empréstito conocido como el Empréstito de la Federación. Más tarde, en 1873, el mismo Guzmán Blanco lo envía a España como Ministro Plenipotenciario de Venezuela, con igual designación para París en 1874 y en La Haya en 1875. Desde 1876 hasta 1883 fue Ministro Plenipotenciario y Agente Fiscal de Venezuela en Londres, donde negoció para nuestro país los límites con la Guayana Británica y la revisión del Tratado de Paz, Comercio y Navegación, que se había firmado originalmente en 1825, en la época de la gran Colombia. En 1881, el papa León XIII le concedió el título pontificio de marqués. Entre sus escritos se cuentan Flores de pascua: Colección de producciones originales en prosa y verso (1849), Biblioteca de escritores venezolanos contemporáneos: ordenada con noticias biográficas (1875), Las fronteras de Venezuela (1891); pero sobre todo destacan Simón Bolívar (1883) y El General Miranda (1884) siendo este último donde hace importantes revelaciones sobre documentos mirandinos.

En la citada obra del Marqués de Rojas sobre Francisco de Miranda, editada en París por la Librería Garnier Hermanos[1], se encuentran de la página 1 a la 782 una gran cantidad de documentos (correspondencia, decretos, bandos, etc.) tomados de los originales que pertenecieron al Generalísimo y que se relacionan con su accionar en la revolución francesa y en la expedición de 1806 y la campaña de 1811 y 1812 en Venezuela[2]. Ahora bien, en la página XXX, correspondiente a la semblanza sobre El Precursor, el autor apunta información clave sobre otro cumulo documental mirandino, hasta entonces perdido:
“…fueron exportados á Inglaterra después de la catástrofe de 1812, veinte y seis volúmenes manuscritos que reseñan los viajes de Miranda, 18 referentes a la Historia de la Revolución francesa e igual número de volúmenes que contienen todas las negociaciones entabladas por el general. No es de las menos lastimosas entre las muchas desgracias que ocurrieron a este hombre singular, la pérdida del rico tesoro de su inteligencia y de los esfuerzos que hizo durante más de veinte años. Todos los citados manuscritos fueron vistos en Londres y seguramente existen allí. Tal vez tendremos la satisfacción de rescatarlos en breve tiempo.”

A pesar del sigilo con que llegaron y se conservaron en Inglaterra los papeles de Miranda, para algunos fue noticia su existencia en manos de las autoridades. Estas noticias las obtuvo al Marqués de Rojas quien, en 1884 como arriba apuntamos, las hizo públicas tal vez con la esperanza de acopiar información más certera para dar con la ubicación exacta. Pero ¿quién pudo dar esta información al Marqués 70 años después del arribo a Londres del archivo del Precursor? Sin duda alguna el informante debió tener datos de primera mano, pues los detalles descritos por Rojas en su libro fueron confirmados con casi perfecta exactitud 42 años después, lo cual demostró la veracidad de la información. Quien le proporcionó el valioso acervo documental que dio a la estampa es su libro debió también ser quien le informara de la existencia de otro todavía más grande y hasta ese momento inaccesible. Para el historiador y mirandista de alta talla Carlos Pi Sunyer[3], todos los indicios dejados por el Marqués de Rojas llevan a la forzosa conclusión que el personaje en cuestión fue Leandro Miranda (1803-1886), hijo mayor del Generalísimo. Leandro Miranda pudo conocer de la existencia en Londres del archivo de su padre por varias fuentes: bien por Antonio Leleux (Edecán del héroe y responsable de sacar de Venezuela el archivo en 1812[4]), por Tomas Molini (secretario de Miranda desde 1805[5]), John Turnbull (amigo y financista de Miranda desde 1777, quien recibió de este varias comunicaciones desde la prisión de La Carraca y fue su albacea testamentario) o Nicholas Vansittart (amigo del Generalísimo desde 1801, fue Ministro de Hacienda entre 1812-1823 y como tal recibió comunicación sobre la correspondencia entre él y Miranda hallada por las autoridades en Curazao en los baúles confiscados; también era albacea testamentario, aunque luego de la desgracia de Miranda no se ocupó en prestarle ningún favor).

El caso es que el Marqués de Rojas tenía la certidumbre que los papeles del archivo de Francisco de Miranda se encontraban en Londres para 1884, obtuvo la información de una fuente fidedigna y la hizo pública con la esperanza “de rescatarlos en breve tiempo”. El tiempo no fue tan breve, pero si suficiente para que un historiador estadounidense rastreara con éxito la ubicación del estimable Archivo de Miranda, tal vez movido por el testimonio del Marqués.




[2]No ha sido posible hasta ahora establecer con exactitud de donde obtuvo El Marqués tales documentos, aunque el mismo deja indicios en esta y otras publicaciones. Lo que se si sabe, varias veces repetido a lo largo de la introducción y semblanza, es que se trataba de originales; y la crítica de restitución ha podido comprobar que también eran auténticos. Más detalles de estos documentos bajo la etiqueta Papeles Perdidos.
[3] Véase su análisis en EL ARCHIVO Y LA CASA DE MIRANDA; Ediciones del Instituto de Estudios Históricos Mirandinos, 1969, págs. 18-24.
[4] Véase la entrada en este Blog “...Y SE PERDIÓ EL ARCHIVO DE MIRANDA.
[5] Es muy probable que Tomas Molini, como secretario, se encargara de dirigir la encuadernación de los manuscritos del Precursor. También se ocupó desde la muerte de Miranda en que sus posesiones en Inglaterra y Francia fueran entregadas a sus hijos y viuda, legítimos herederos de ellas. Es así que en 1817 obtuvo permiso de
las autoridades británicas para extraer del archivo de Miranda un catálogo de libros y lista de muebles regados entre Paris y Londres, por lo cual es forzoso suponer que tuvo acceso a los tres baúles que contenían el archivo y que desde 1814 se encontraba custodiado por las autoridades de aquel país. 

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