Documentos: “La Elegía del Cuzco”, carta de Bolívar a su tío Esteban Palacios.

El 10 de julio de 1825 Simón Bolívar escribe desde las cumbres peruanas una de las cartas mas emotivas, por su carga afectiva, que del ilustre caraqueño se conocen.  Dirigida a su tío y padrino Esteban Palacios, quien regresó a Venezuela después de una ausencia de casi 40 años, esta carta mezcla el dolor y la tristeza por los tiempos y parientes idos y el placer por lo que Bolívar llama la "resurrección" de su mas querido pariente. Esteban Palacios había nacido en Caracas el 26 de diciembre de 1768 y se trasladó a España en 1791 a atender los intereses de la familia Palacios Blanco en la península. La carta es una evocación de afectos, momentos y seres que le retrotraen a la “más tierna infancia” del Libertador, según expone en el texto.

El documento en cuestión se localiza en el Archivo General de la Nación, fondo Archivo del Libertador Tomo 47 folios 53 y 54, escrito de letra del Coronel Juan Santana, Secretario privado de Bolívar. La firma y la rúbrica son autó­grafas del Libertador, así como la antefirma: "su sobrino". Puesto que existen dos originales de esta carta, el que conservan los herederos de Esteban Palacios y el  que se encuentra en el Archivo del Libertador, todo indica que el documento que aquí mostramos es la primera redacción que se hizo y estuvo lista para ser enviada, y luego por razones hasta ahora desconocidas, fue ligeramente modificado con la redacción que recibió Esteban Palacios. 

"Cuzco, 10 de julio de 1825.
Mí querido tío Esteban y buen padrino: ¡Con cuánto gozo ha resucitado Vmd. ayer para mí!
Ayer supe que vivía Vd. y que vivía en nuestra querida patria. ¡Cuántos recuerdos se han aglomerado en un instante sobre mi mente! Mi madre ¡mi buena madre! tan parecida a Vd., resucitó de la tumba, se ofreció a mi imagen. Mi más tierna niñez, la confirmación y mi padrino, se reunieron en un punto para decirme que Vd. era mi segundo padre. Todos mis tíos, todos mis hermanos, mi abuelo, mis juegos infantinos, los regalos que Vmd. me daba cuando era inocente. . . todo vino en tropel a excitar mis primeras emociones... la efusión de una sensibilidad deliciosa... Todo lo que tengo de humano se removió ayer en mí: llamo humano lo que está más en la naturaleza, lo que está más cerca de las primitivas impresiones. Vd., mi querido tío, me ha dado la más pura satisfacción, con haberse vuelto a sus hogares, a su familia, a su sobrino y a su patria. Goce Vmd., pues, como yo, de este placer verdadero, y viva entre los suyos el resto de los días que la Providencia le ha señalado, y para que una mano fraternal cierre sus párpados y lleve sus reliquias a reunirías con las de los padres y hermanos que reposan en el suelo que nos dio el cielo.
Mi querido tío: Vd. habrá sentido el sueño de Epiménides; Vmd. ha vuelto de entre los muertos a ver los estragos del inexorable tiempo, de la cruel guerra, de los feroces hombres. Vmd. se encontrará en Caracas como un duende, que viene de la otra vida y observa que nada es de lo que fue. Vmd. dejó una dilatada y hermosa familia; ella ha sido segada por una hoz sanguinaria: Vd. dejó una patria naciente que desenvolvía los primeros gérmenes de la creación y los primeros elementos de la sociedad; y Vd. lo encuentra todo en escombros. . . todo en memorias. Los vivientes han desaparecido: las obras de los hombres, las casas de Dios, y hasta los campos han sentido el estrago formidable del estremecimiento de la naturaleza. Vd. se preguntará a sí mismo ¿dónde están mis padres?. . . dónde mis hermanos?. . . dónde mis sobrinos? . . . Los más felices fueron sepultados dentro del asilo de sus mansiones domésticas, y los más desgraciados han cubierto los campos de Venezuela con sus huesos, después de haberlos regado con su sangre. . . por el solo delito de... haber amado la justicia. Los campos regados por el sudor de trescientos años, han sido ago­tados por una fatal combinación de los meteoros y de los crímenes. ¿Dónde está Caracas?... se preguntará Vmd. Caracas no existe; pero sus cenizas, sus monumentos, la tierra que la tuvo, han quedado resplandecientes de Libertad, y están cubiertos de la gloria del martirio. Este consuelo repara todas las pérdidas, a lo menos, este es el mío, y deseo que sea el de Vmd.
He recomendado al Vicepresidente las virtudes y los talentos que yo he reconocido en Vmd. Mi recomendación ha sido tan ardiente como la pasión que le profeso a mi tío. Dirija Vmd. al Poder Ejecutivo sus miras, que ellas serán oídas. Al mismo Poder Ejecutivo he suplicado mande entregar, a la orden de Vmd., cinco mil pesos en Caracas, para que pueda Vd. vivir mientras nos veamos, lo que será el año que viene. Mi orden ha sido al Ministro de Hacienda, para que de Bogotá le manden a Vmd. la correspondiente libranza.
Adiós, querido tío: consuélese Vmd., en su patria, con los restos de sus parientes; ellos han sufrido mucho; mas les ha quedado la gloria de haber sido siempre fieles a su deber. Nuestra familia se ha mostrado digna de pertenecemos, y su sangre se ha vengado por uno de sus miembros. Yo he tenido esta fortuna. Yo he recogido el fruto de todos los servicios de mis compatriotas, parientes y amigos. Yo los he representado a presencia de los hombres; y yo los representaré a presencia de la posteridad. Esta ha sido una dicha inaudita: la fortuna ha castigado a todos. . . tan sólo yo he recibido sus favores. . . los ofrezco a Vd. con la efusión más sincera de mi corazón.
Su sobrino
SIMÓN."








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