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miércoles, 31 de mayo de 2017

Papeles Recuperados: Un ejemplar de la Constitución de 1830.

 Se trata de un folleto en pruebas de corrección del proyecto de constitución que se estudiaba en el Congreso Constituyente de Venezuela reunido en Valencia en 1830. Lo más resaltante y curioso de este folleto es que contiene notas manuscritas del Doctor José María Vargas, quien fuera diputado a ese congreso que separó a Venezuela de la Gran Colombia. Este ejemplar fue localizado en Bélgica por Enrique Tejera Guevara mientras actuaba como Ministro Plenipotenciario de Venezuela en ese país entre los años 1936 y 1938.

José María Vargas, 
Oleo de Alfredo Araya Gómez, 1997
 Además de las muchas notas marginales escritas a lo largo del folleto, se encuentran insertos en él dos cuadernillos igualmente manuscritos que constan de 6 y 9 folios cada uno, ubicados entre las paginas 22 al 23 y 24 al 25, respectivamente, de dicho folleto. En general las notas marginales y los cuadernillos, todos hológrafos de Vargas, se atienen a consideraciones sobre puntos que deben reformase del proyecto, así como una compilación de textos constitucionales y legislativos, antiguos y vigentes tanto de Venezuela como de Francia, Gran Colombia y Estados Unidos. La constitución sería finalmente sancionada por el Congreso Constituyente en Valencia el 22 de septiembre de 1830 organizada en un preámbulo, 28 títulos y 228 artículos; y puesto que la mayoría de las consideraciones e ideas que el Dr. Vargas anotó en el documento encontrado en Bélgica aparecen incluidos en la redacción final del texto aprobado, se puede notar la gran autoridad e influencia moral y científica de que gozaba entre sus conciudadanos quien más tarde sería el primer Presidente civil de Venezuela luego de la guerra de independencia.

 Este folleto fue pasado al archivo de la Academia Nacional de la Historia en 1938, donde actualmente reposa en el escaparate VIII para testimonio de la valía de José María Vargas en distintos campos de las ciencias.



Fuente: Boletín de la Academia Nacional de Historia, tomo XXI, octubre-diciembre de 1938, n° 84, página 508. 

miércoles, 24 de mayo de 2017

Un apasionado por la vida de Miranda fue el primero en identificar su archivo.

  La azarosa y apasionante vida de Francisco de Miranda ha causado gran atracción a muchas personas, que han visto en el hombre de las tres revoluciones al persistente luchador por la libertad, al romántico viajero cosmopolita o al cautivante personaje con grandes influencias en el viejo y el nuevo mundo. Uno de esos atraídos por Miranda fue el profesor escoces[1] William Spence Robertson quien, luego de perfeccionar sus estudios superiores en la Universidad de Yale, hace la disertación de su tesis doctoral con el estudio titulado Francisco de Miranda y la Revolución de la América Hispana, el cual fue dos veces galardonado: en 1903 por la misma Universidad de Yale y luego de aumentado con nuevo material acopiado, por la American Historical Association en 1907. Su interés por estudiar la historia de sus “vecinos meridionales” lo llevó a publicar varios trabajos sobre la independencia, la política y la diplomacia de la América de habla española[2]; pero será la aventura mirandina el tema de mayor recurrencia en sus estudios[3].

William Spence Robertson (1872-1955) en 1900.
  A partir de 1901 el profesor Spence Robertson se dedica a investigar la vida del Generalísimo en fuentes documentales que le permitieran conocer e interpretar, de primera mano, los distintos periodos y circunstancias por las que éste atravesó. Así, se traslada a los archivos públicos y privados de España, Francia y Austria; en 1917 llega a Venezuela, donde es desinteresadamente apoyado por figuras claves para la historiografía nacional: Manuel Segundo Sánchez y Vicente Lecuna. Pero será en su viaje a Londres en 1902 donde se tropieza con indicios sobre la posible existencia del perdido archivo del Precursor en tierras inglesas que, aunque no logra verificar de inmediato, será de su permanente atención hasta dar con un resultado favorable.

  En 1922 la Comisión de Manuscritos Históricos del Public Record Office de Londres, encabezada por el sub-conservador A. E. Stamp, revisa la biblioteca del tercer Lord Bathurts en la ciudad de Cirencester, en la que topa con una catalogo manuscrito de 1862 de los documentos que se guardan en la casa del citado noble; aquellas líneas describen, entre otras, tres secciones de documentos identificados como:
·       Colombeia. Revolution Francaise. 18 vols. folio M.S.S 1779-1808.
·       Colombeia. Negotiations 17 vols. folio (M.S.S.) 1770-1809.
·       Colombeia. Viajes 19 vols. folio (4th missing) M.S.S. 1764.[4]

  Cuando el Sr. Stamp revisa el contenido de aquellos tomos puede notar que se trata de documentos de Francisco de Miranda, no dándoles mayor importancia, pero informando de sus hallazgos al despacho correspondiente al final de su labor en 1923. Pero como los rumores corren con igual velocidad en cualquier parte del mundo, el profesor Spence Robertson se entera ese mismo año de 1922 de dicho hallazgo y solicita a Lord Bathurts su autorización para examinar dichos papeles, para lo cual, con el permiso concedido, se traslada a la ciudad de Cirencester y en la misma residencia del Lord ingles puede verificar que no se trata solo de papeles alusivos a Miranda, sino del mismísimo archivo personal del Generalísimo desaparecido desde 1812.

  Sin embargo, y por razones nunca aclaradas, el profesor William Spence Robertson no hace público el hallazgo del archivo de Miranda, pese a contar con las páginas de la revista Hispanic-American Historical Review, órgano que él había fundado y en el que publicaba regularmente sus artículos; además de ser Miembro Correspondiente extranjero de la Academia Nacional de Historia de Venezuela desde 1917, entre cuyos miembros tenía varios colaboradores a quienes les interesaría en gran medida el valioso hallazgo. Habrá que esperar un poco más para que el mundo en general y los venezolanos en particular puedan conocer el ya misterioso contenido de los papeles de Francisco de Miranda.
(Revisa la siguiente entrada sobre este tema aquí)


Fuentes:
Spence Robertson, William: La Vida de Miranda. Traducción original de Julio E. Payró. Segunda edición revisada y compulsada por Pedro Grases. Publicaciones del Banco Industrial de Venezuela, 1982.

Carbonell, José A: William Spence Robertson, Historiador Norteamericano; en Boletín de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, tomo LVII, Abrí-junio de 1974, N° 223, págs. 262-277.

Henríquez Uzcátegui, Gloria: Los Papeles de Miranda. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas/1984.

Parra Pérez, Caracciolo: Las Peripecias del Descubrimiento del archivo de Miranda. Revista Nacional de Cultura. Caracas-Venezuela, N° 89 noviembre-diciembre de 1951, págs. 35-44.




[1] Nacido en Glascow el 7 de octubre de 1872, pero llegado a EE.UU. en 1880.

[2] Entre otras: Creación de las Repúblicas Hispano-Americanas relatada en la Vida de sus Libertadores (1918); Relaciones Hispano-Americanas con los Estados Unidos (1923); Francia y la Independencia Latino-Americana (1939); Apreciaciones en Hispano-América de la Doctrina Monroe (1920); Iturbide de México (1952); etc.

[3] Después de su trabajo doctoral, publicará en varias revistas norteamericanas: en 1911 Viaje de Miranda por América y Europa; en 1927 Los Archivos de Miranda y Disposiciones Testamentarias de Miranda; para finalmente presentar sus dos más grandes obras: en 1928 El Diario de Francisco de Miranda. Viaje por los Estados Unidos (1783-84) y en 1929 Vida de Miranda, traducido por Julio E. Payró en 1938 y reeditado por el banco Industrial en 1967.

[4] Llama poderosamente la atención que al sumar de la cantidad de tomos que integran cada sección según el citado catalogo manuscrito, este alcance a 54 y no 63 como es el total que realmente integran el Archivo de Miranda. Igualmente es desconcertante que en la sección Viajes el manuscrito diga “faltan 4“ (4th missing”) y tenga como fecha 1764, cuando Miranda tenía catorce años.

lunes, 15 de mayo de 2017

Documentos: Bolívar agradece a Nueva Granada la cooperación prestada para la liberación de Venezuela en 1813.

  No es infundado que desde tiempos ancestrales Venezuela y Colombia (antigua Nueva Granada) se designen una a otra como “Hermana República”, pues la similitud geográfica y humana (genotipo y fenotipo) generaron desde siempre una relación de solidaridad y ayuda mutua entre los pueblos de ambos países, lo que posibilitó el desarrollo de una historia común que ha llegado hasta nuestros días. Tal relación se vivió con gran relevancia durante el periodo independentista, cuando las armas y los soldados de ambos pueblos cooperaron prolijamente en la consecución del ideal libertario.
Oficio del Libertador al Presidente de Cundinamarca Folio 154 anverso


  El documento que a continuación se transcribe es el oficio original firmada por el Libertador Simón Bolívar localizado en el fondo del Archivo General de la Nacion, sub-fondo Archivo del Libertador, seccion "Memorias del Gral. O´Leary", tomo 21, folios 154 anverso a 155 reverso. El mismo se enmarca dentro del periodo denominado “Campaña Admirable” la cual se inicia con la aprobación del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, órgano que puso a disposición del Libertador soldados, artillería, pertrechos y municiones desde el 7 de mayo de 1813 para invadir Venezuela, país que para entonces se encontraba reconquistado por las armas del Rey de España desde 1812. Otra administración neogranadina, esta vez el Supremo Gobierno del Estado de Cundinamarca[1] presidido por el insigne Antonio Nariño, también brinda su ayuda a los venezolanos; y es a este personaje a quien Bolívar dirige el siguiente oficio de agradecimiento, fechado en Cúcuta el 10 de mayo de 1813:

"Excmo. señor Presidente del Estado de Cundinamarca.

Excmo. señor:

 Tengo el honor de acusar a V. E. la recepción del oficio del pasado mes, que se dignó dirigirme por conducto del Coronel ciudadano José Félix Ribas, que también ha puesto en mis manos copia de los tratados concluidos entre el Soberano Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada y el Supremo Gobierno del Estado de Cundinamarca, con una relación de la artillería, pertrechos y municiones que V.E. se ha servido enviar para refuerzo de la expedición del Norte. Doy a V.E. las más encarecidas y sinceras gracias por la honra que me hace en su comunicación y por los auxilios que la esclarecida generosidad de V.E. ha tenido a bien mandarnos en favor de la República de Venezuela, mi Patria, que bien pronto contará el glorioso nombre de V.E. entre los de sus más ilustres bienhechores.

 Las tropas de Cundinamarca que han llegado a este Cuartel General más de cuatro días ha, aunque disminuidas a la mitad, han pasado ya, con agregación de algunos soldados de Carta­gena, a la Villa de San Cristóbal en Venezuela, donde se va a hacer una reunión de tropas, que al mando del Coronel José Félix Ribas, deben ir a libertar de paso la Provincia de Barinas, para incorporarse después con el grueso de nuestro ejército, en uno de los puntos del Estado de Caracas.

 La artillería, pertrechos y municiones de Cundinamarca que no han llegado aún, serán empleadas en favor de Barinas, la cual deberá una gran parte de su libertad a las liberalidades de V. E.

 ¡Oh! qué bello espectáculo se presenta, Señor Presidente, sobre el teatro del Nuevo Mundo, que va a ver una lucha, quizá singular en la historia, ver, digo, concurrir espontánea y simultáneamente a todos los pueblos de la Nueva Granada al restablecimiento, libertad e independencia de la extinguida República de Venezuela, sin otro estímulo que la humanidad, sin más ambición que la de la gloria de romper las cadenas que arrastran sus compatriotas, y sin más esperanza que el premio que da la virtud a los héroes que combaten por la razón y la justicia.

 V. E. será el primero que, penetrado del júbilo más puro, aplaudirá sus propias acciones, las de sus conciudadanos y sobre todo, los magnánimos esfuerzos y sacrificios de los ínclitos guerreros de la Nueva Granada, con quienes voy a tener la dicha de comba­tir por la redención de Venezuela y gloria de estos Estados.

 Acepte V.E. los sufragios de mi alta consideración, respeto y gratitud.

Dios guarde a V.E. muchos años.

Cuartel General de Cúcuta, mayo 10 de 1813. 3°."

Folio 154 reverso
Folio 155 anverso



[1] Estado independiente de carácter centralista constituido dentro del territorio del Virreinato de Nueva Granada el 4 de abril de 1811, pero salvaguardando los derechos del Rey, presidido por Judas Tadeo Lozano hasta septiembre de ese año, y luego por Antonio Nariño; en discrepancia con el resto de las administraciones que se constituyeron en un estado federal con el nombre de Provincias Unidas de Nueva Granada presididas por Camilo Torres. 

viernes, 12 de mayo de 2017

La “repatriación”del archivo de Sucre a Venezuela.

 El archivo del Mariscal Sucre entró en el conjunto de documentos que, narrando distintos aspectos y períodos de la historia venezolana y suramericana, se encontraban en el extranjero y a los cuales hubo que “repatriar”. Esto fue posible gracias al esfuerzo denodado de grandes coterráneos que, antes que finalizara la primera mitad del siglo XX, se dedicaron a localizar, adquirir y organizar buena parte del acervo documental del que hoy disponemos para comprender el largo y accidentado camino de formación de la república; destacando entre esos acuciosos investigadores Vicente Lecuna y Caracciolo Parra Pérez.

El total de los papeles que integraron el archivo personal del Gran Mariscal se encontraba disperso, pues, además de los que se encontraban en Europa, existían en gran cantidad en Ecuador y Estados Unidos. La porción de papeles que se encontraban en Norteamérica seguía, desde finales de la década de 1910, custodiado en la Universidad de Yale donde los confió el arqueólogo, militar y político Hiram Bingham; recordemos que este aventurero personaje adquirió 2.128 documentos provenientes del archivo de Sucre cuando realizaba una visita a Ecuador a finales de 1907 (véase la entrada El Archivo de Sucre y el “revelador” deMachu Picchu de este blog).

Vicente Lecuna (1880-1954)
Desde 1935 el Dr. Vicente Lecuna (quien había organizado dentro del Archivo del Libertador una sección con papeles que se encontraba en ese mismo repositorio junto a otros que él había agregado, denominando a toda la colección “Archivo del Mariscal de Ayacucho”) se avoca a conseguir que Venezuela adquiera ese valioso conjunto de documentos que se conservaban en Yale, teniendo su colofón en 1938 cuando el Gobierno presidido por Eleazar López Contreras logra que el ex-senador Bingham acceda vender a Venezuela su parte del archivo de Sucre, lo cual se realizó al pagar la misma cantidad de dinero que él había desembolsado para adquirirlo. Este primer conjunto de papeles de Sucre “repatriados” se ordenó y encuadernó en doce volúmenes con distinción entre documentos oficiales y cartas personales:

·        Tomo I: 138 documentos fechados entre 1816 y 1821.
·        Tomo II: 148 documentos fechados entre octubre y diciembre de 1821.
·        Tomo III: 215 documentos correspondientes al año 1822.
·        Tomo IV: 142 documentos correspondientes al año 1823.
·        Tomo V: 209 documentos fechados entre enero y marzo de 1824.
·        Tomo VI: 204 documentos fechados entre abril y diciembre de 1824.
·        Tomo VII: 100 documentos fechados entre 1825 y 1834.
·        Tomo VIII: 203 cartas correspondientes a las letras A-D.
·        Tomo IX: 213 cartas correspondientes a las letras E-J.
·        Tomo X: 178 cartas correspondientes a las letras K-M.
·        Tomo XI: 162 cartas correspondientes a las letras N-R.
·        Tomo XII: 201 cartas correspondientes a las letras S-Z, así como cartas con firmas ilegibles e incompletas.

Además, se agregaron los papeles que ya el Dr. Lecuna tenía organizados previamente, los cuales provenían de donaciones y compras hechas por él mismo y otras personalidades como el propio General Eleazar López Contreras y el Doctor Andrés Eloy de la Rosa, lo cual arrojó u grueso volumen más:

·        Tomo XIII: 72 piezas entre documentos oficiales emitidos por y para Sucre, cartas dirigidas por y para Sucre, cartas dirigidas al General Flores y una carta del General O´Leary dirigida a la viuda del coronel Pedro José Alarcón, edecán de Sucre, solicitándole documentos que le ayudasen en su trabajo de acopiar documentos para sustentar sus trabajos históricos.

Caracciolo Parra Pérez (1888-1964).
 Seguía pendiente, desde 1937, la adquisición de la parte del archivo del Gran Mariscal que se encontraba en Europa, en poder de las nietas del General Juan José Flores (véase la entrada Los documentos de Sucre en Europa en este blog). Luego de un lustro de espera a que los legítimos poseedores conciliaran sus asuntos particulares para decidir el destino de estos los papeles, finalmente el gobierno venezolano adquiere el cumulo documental en 1942, donde tuvo importante actuación del Doctor Caracciolo Parra Pérez quien, como agente diplomático de Venezuela en Suiza, había gestionado en 1916 la adquisición del Archivo de Miranda que se encontraba en Londres. Esta vez actuando como Ministro de Relaciones Exteriores, el Dr. Parra Pérez ordena que se reinicien las conversaciones, para adquirir definitivamente el cumulo documental que contenía correspondencia, borradores, oficios y documentos familiares del General Sucre. Una vez recibido el lote de papeles por la Academia Nacional de la Historia, se trasladaron a la casa natal de Simón Bolívar donde se encontraban tanto el Archivo del Libertador como los trece tomos anteriormente descritos del Archivo de Sucre. A los documentos venidos de Europa se les dio una organización similar a los traídos desde Norteamérica, por lo cual se continuo la numeración de los nuevos volúmenes así:

·        Tomo XIV: documentos fechados entre 1820 y 1827.
·        Tomo XV: cartas para Sucre ordenadas alfabéticamente letras A-I.
·        Tomo XVI: cartas para Sucre ordenadas alfabéticamente letras L-W.
·        Tomo XVII: contiene borradores, correspondencia, oficios y otros documentos entre 1821 y 1830.

 Otra parte del archivo de Sucre, más pequeña pero no menos importante, se hallaba todavía en Ecuador donde el Mariscal tenía fijada su residencia al momento de su muerte. Estos papeles se encontraban en el archivo particular de Alfredo Flores Caamaño, ilustre historiador ecuatoriano, quien los obtuvo como regalo de su tía Josefina Flores, hija del general Juan José Flores y esposa del único hijo de la Marquesa de Solanda, viuda de Sucre, con el general Isidoro Barriga. Estos papeles también tuvieron la oportunidad de formar parte del patrimonio documental venezolano, ya que Alfredo Flores Caamaño ofreció los tres gruesos volúmenes al presidente Juan Vicente Gómez en 1924; sin embargo, y por razones hasta ahora desconocidas, no se logró la obtención de aquellos documentos originales y en 1925 pasaron a formar parte del archivo de Jacinto Jijón y Caamaño, y hoy se encuentran en la Universidad Católica de Ecuador[1].

 Los 17 volúmenes del Archivo de Sucre, que forman parte del patrimonio documental venezolano, se localizan hoy en el Archivo General de la Nación “Generalísimo Francisco de Miranda”, ubicado en el Foro Libertador, parroquia Altagracia, Municipio Libertador, en Caracas, a la espera de ser digitalizados y puestos a disposición del mundo a través de la internet.  



[1] En 1971 estos documentos fueron copiados bajo el sistema Xerox por la Fundación“Vicente Lecuna” para ser incorporados a la edición del Archivo de Sucre, la cual fue publicada en Caracas, 1973, en los talleres de ITALGRAFICA por la misma Fundación y el Banco de Venezuela, y en la cual tuvo importante actuación Don Pedro Grases, de quien hemos tomado buena parte de los datos de esta entrada en sus varios escritos, particularmente del estudio preliminar a esa obra, de las paginas XXI a XXXIX. 

martes, 2 de mayo de 2017

El archivo de Bolívar se fracciona en tres partes.

(Izq). Gral. Pedro Briceño Méndez; (Cent.) Gral. Daniel Florencio O´Leary; (Der.) Sr. Juan de Francisco Martín.

 Una vez que Juan de Francisco Martín decide en 1831 la conservación del archivo, seguramente impulsado por Daniel Florencio O´Leary[1] luego de haber revisado con avidez su contenido, los nuevos custodios toman una decisión que, siendo trascendental para la historia que estamos siguiendo, vuelve a poner en riesgo la existencia de los papeles de Bolívar.

 Hallándose dispersos por América, y aun por el mundo, los fieles amigos del Libertador, muchos de ellos sentían el compromiso moral de defender la memoria y obra del hombre que había entregado su existencia misma para la independencia de los países y la liberación de los pueblos; pero encontrándose ellos mismos política y militarmente derrotados, el único medio del que disponen para esta nueva lucha era la pluma y la imprenta. Esta labor ya había comenzado en vida del Gran Hombre, con innumerables artículos de prensa y folletos que circularon por América y Europa, que si bien, la mayoría de ellos, con esplendor y maestría formaron trinchera para repeler los ataques de los enemigos del Libertador, muy pocos de estos trabajos estaban sustentados con documentos que sirvieran de elementos probatorios de sus opiniones.

 Por otra parte, las colecciones documentales que se difundían en esos días, como las de los periódicos La Gazeta de Caracas, El Correo del Orinoco, La Gazeta de Santa Fe de Bogotá, El Correo Nacional (de Maracaibo), La Gazeta de Colombia, entre otros, tenían solo un interés informativo del avance de la lucha independentista[2]. Faltaba entonces que se pudiera reunir en un solo trabajo exposiciones argumentadas y prueba documental; y eso era lo que se proponían O´Leary y Pedro Briceño Méndez.

 El Dr. Vicente Lecuna, el más destacado de los defensores del renombre de Bolívar, nos cuenta que para llenar este deber el albacea y el edecán decidieron fraccionar el contenido de los 10 baúles en tres partes: los documentos de 1813 a 1818 le fueron remitidos a Briceño Méndez, que se encontraba en Curazao (¿?); los de 1819 a 1830 fueron guardados por O´Leary; y una buena cantidad del residuo de las dos partes anteriores la reservó para sí Juan de Francisco Martín[3].

 Hoy sabemos muy poco a que obedeció la forma de tal repartimiento, ante lo cual surgen alguna interrogantes: ¿Qué criterio privó para hacer ese fraccionamiento cronológico para las dos primeras secciones?; ¿por qué Briceño Méndez relataría solo cinco años de una historia en la que él participó desde el inicio, y que duró cerca de veinte?; ¿tenía Juan de Francisco Martín la intención de escribir también un relato histórico sobre Bolívar?; ¿por qué solo guardó un remanente de la división de documentos de las dos secciones que se reservaron para los primeros? Después de los propios protagonistas, solo Vicente Lecuna podía ofrecer detalles que esclarecieran estas interrogantes, pero en uno y otro caso no ha sido posible obtener respuestas; y si bien las tales interrogantes no sean piezas claves de ninguna discusión trascendental, decimos con el profesor Edgardo Mondolfi Gudat que “forman parte de la impenitente curiosidad que en este caso, como en muchos otros, debe guiar a todo historiador.”[4] 

 Por ahora solo podremos seguir la pista de las tres secciones del archivo de Bolívar, siguiendo los pasos de sus tres nuevos custodios.




[1] Vease la entrada de este mismo blog El“Bendito” Pecado de la Desobediencia.
[2] Para mayor abundamiento historiográfico del tema de las publicaciones con material documental bolivariano, véase los amplísimos estudios de Pedro Grases, como el ya citado “El Archivo de Bolívar manuscritos y ediciones.” De EQUINOCCIO, editorial de la Universidad Simón Bolívar, Caracas, Venezuela, 1978; y los prólogos y estudios preliminares de sus muchas obras.
[3] Lecuna, Vicente. La Casa Natal del Libertador. Sociedad Bolivariana de Venezuela; Caracas 1954, pág. 56- 57.
[4] Separata del Estudio introductorio a la Historia de las aventuras y sufrimientos de Moses Smith, publicada en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela Tomo LXXXIX, N° 354, abril-junio de 2006, pág. 117