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viernes, 30 de junio de 2017

¡Por fin! El Archivo de Miranda vuelve a Venezuela, como él lo dispuso.


  Como una alegoría al descubrimiento de América fue que el Dr. Caracciolo Parra Pérez narró en varias ocasiones las circunstancias que privaron en el “descubrimiento” del archivo de Francisco de Miranda en Londres en 1925; y asignándole un papel homónimo a la de los protagonistas de la primera historia, explicó cuál fue la intervención de cada uno de los personajes de la que nos atañe.

  Contó el Dr., Parra Pérez[1] que a finales del dicho año se encontraba en Londres, realizando sus investigaciones históricas en el Public Record Oficce[2] cuando el Director adjunto de esta institución, Alfred Edward Stamp, le informa que en la propiedad del Conde Bathurst en Cirencester se localizaron manuscritos relativos a Miranda y que esta información era manejada desde 1922 por el profesor norteamericano William Spence Robertson (véase la entrada anterior aquí), quien ya había tenido el permiso del conde Seymour Henry Bathurst para revisarlos. En razón de que el Dr. Parra Pérez se desempeñaba como Encargado de Negocios de Venezuela en Suiza, no podía realizar el viaje a Cirencester, pues debía regresar a la ciudad de Berna, por lo que comisionó a Alberto Adriani para que, en su lugar, realizara el viaje e inspeccionara los citados documentos, aprovechando que Adriani se encontraba en Londres profundizando sus estudios en materias importantes de la profesión de Economista después de haber servido como Secretario de la Legación venezolana ante la Sociedad de Naciones. Luego de las acostumbradas formas inglesas de atención y amabilidad con el Conde y su familia, Adriani pudo constatar que los tales papeles eran el mismísimo archivo del Precursor de la independencia hispanoamericana Francisco de Miranda, por lo que el 9 de diciembre de 1925 escribió un informe al Dr. Parra Pérez detallando la comisión. Solo podemos imaginar la emoción que asaltó a Caracciolo Parra Pérez, quien desde 1917 buscó, rebuscó y trasteó el paso de Miranda por Francia, Austria, Suecia, Noruega y Rusia y la sazón se encontraba haciendolo por Inglaterra.

  Algún tiempo después, y por gestiones del mismo señor Stamp, Parra Pérez logró que el Conde Bathurst enviara a las oficinas del Public Record Oficce la totalidad de los documentos del Generalísimo, por lo que pudo constatar personalmente la autenticidad del archivo, y por lo tanto la importancia que revestía para la cultura venezolana acceder a esa información perdida desde 1812 y a la cual Miranda mismo había dispuesto que se enviara a Caracas luego de su muerte. Inicialmente trató Parra Pérez de orientar la adquisición del archivo de Miranda por la vía del derecho legítimo que tenía Venezuela sobre aquellos documentos, en atención al testamento del Precursor fechado en 1805[3] y ratificado en 1810. Sin embargo, y en atención al consejo dado por el señor Stamp de que no se pusiera en tela de juicio la propiedad del Conde Bathurst sobre los papeles de Miranda, ya que en Inglaterra “posesión vale siempre título”, debía el gobierno venezolano más bien comprarlos al noble inglés, ya que de otro modo alguna universidad de los Estados Unidos lo haría por insinuación del profesor Robertson (remitimos nuevamente a la entrada Un apasionado por la vida de Miranda fue el primero en identificar su Archivo). Esto causó la natural alarma al Dr. Parra Pérez, por lo que de inmediato notificó por cartas a las autoridades venezolanas la existencia e importancia del archivo de Miranda. En una de tales cartas, el 9 de abril de 1926, dice Para Pérez a Pedro Itriago Chacín, Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela:
Lord Bathurst parece dispuesto a vender los papeles y es probable que consienta en acordar al Gobierno de Venezuela la preferencia para su adquisición. Por desgracia, debe tenerse en cuenta que el Profesor Robertson está en capacidad de interesar a algunas ricas bibliotecas de los Estados Unidos en el asunto. Es urgente, pues, que podamos decir al Lord la intención del Benemérito General Gómez de no dejar escapara la ocasión devolver a Venezuela un tesoro incomparable que constituye un verdadero patrimonio nacional.”[4].

Previo a esta, el Dr. Diógenes Escalante, Embajador de Venezuela en Inglaterra, se interesa en el asunto, y el 6 de abril de 1926 le dice al Presidente Juan Vicente Gómez:
Por el honor de nuestro país, cuna del Generalísimo, no es posible que el archivo de Miranda continúe en el olvido actual o que vaya a para a extrañas manos que lo exploten con fines particulares, según me ha informado el Doctor Parra Pérez, Lord Bathurst, propietario del archivo, parece dispuesto a venderlo por un precio que puede ser de 2.000 a 3.000 libras esterlinas. Hay un competidor muy peligroso en la persona del profesor norteamericano Robertson (autor de un libro sobre Miranda) quien tuvo ocasión de estudiar el archivo y encontrará fácilmente en cualquier Universidad de los Estados Unidos los fondos necesarios para adquirirlo.”

  Felizmente para Venezuela, el 25 de mayo el Dr. Parra Pérez recibe la noticia de que el Gobierno acordó la adquisición del Archivo de Miranda por la suma establecida por el propietario; y el 7 de julio de 1926 nuestro diligente representante en estas gestiones informaba al Presidente Gómez que “por órgano de Escalante (…) entregué a Lord Bathurst las 3.000 libras que usted tuvo a bien enviarme por medio del Doctor Arcaya, para adquirir el archivo del Generalísimo Miranda, para la Nación.” La valiosa adquisición se enviaría a Venezuela pasando primero por París, donde Parra Pérez tendría la ocasión de estudiarla detenidamente para acopiar información para sus obras en preparación. Finalmente, en noviembre de 1926 llegan a Caracas los 63 tomos del archivo de Miranda, después de 114 años que salió de aquí y permaneció perdido, con destino a ser resguardados en la Academia Nacional de la Historia, según decreto presidencial del 24 de julio de 1926. En enero de 1927 se publicó, por cuenta del Ministerio de Instrucción Pública, el índice del archivo de Miranda con el objeto de hacerlo circular profusamente en Venezuela y en el extranjero; y para el 24 de julio de 1927 la Presidencia de la República dicta un Decreto por el cual se dispone proceder a la publicación de todos los tomos del Archivo del Generalísimo Francisco de Miranda, para lo cual se dispuso que se editase en tomos de cuatrocientas páginas, en 8° mayor, con tiraje de cinco mil ejemplares cada uno, lo cual se realizó en 1929 y 1950.

  El Dr., Parra Pérez cierra su relato alegórico sobre el “descubrimiento” del Archivo del Generalísimo con estas notas:
“Así, pues, la historia puede, en cuanto me concierne, resumirse en las siguientes preguntas y en sus debidas respuestas:
a) ¿Quién “descubrió” y señaló la existencia de papeles de Miranda entre los del tercer Conde Bathurst, en el Castillo de Cirencester?
-Mr. A. E. Stamp, del Public Record Oficce, de Londres.

b) ¿Quién examinó luego, e “identificó” los papeles en cuestión?
-El Profesor Willian Spencer Robertson, de la Universidad de Urbana (Illinois).

c) ¿Qué venezolano conoció la existencia de los papeles e hizo que el Gobierno de Venezuela los adquiriese?
-El suscrito, quien tuvo comunicación directa de Mr. Stamp (…).

d) ¿Cuál fue la participación del malogrado y carísimo Alberto Adriani en aquella jornada?
-Ir al castillo de Cirencester, a ruego del suscrito y para precisarle informes del famoso hallazgo (…).”

  El 9 de octubre de 1953 el Ministerio de Relaciones Interiores, por medio de la Dirección del Ceremonial y Acervo Histórico de la Nación, informa a la Academia Nacional de la Historia que el Presidente de la República ha resuelto donarle y poner a disposición de esta institución un Arca, cuya ejecución fue ordenada por el Gobierno Nacional el 22 de julio de 1949, a fin de conservar en ella el Archivo de Miranda, cuyo busto remata la parte superior de dicha arca. En esta hermosa arca permanecerá el Archivo de Miranda durante 57 años hasta que otra decisión presidencial dispuso otra ubicación.




Fuentes:
Spence Robertson, William: La Vida de Miranda. Traducción original de Julio E. Payró. Segunda edición revisada y compulsada por Pedro Grases. Publicaciones del Banco Industrial de Venezuela, 1982.

Carbonell, José A: William Spence Robertson, Historiador Norteamericano; en Boletín de la Academia nacional de la Historia de Venezuela, tomo LVII, Abrí-junio de 1974, N° 223, págs. 262-277.

Henríquez Uzcátegui, Gloria: Los Papeles de Miranda. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas/1984.

Parra Pérez, Caracciolo: Las Peripecias del Descubrimiento del archivo de Miranda. Revista Nacional de Cultura. Caracas-Venezuela, N° 89 noviembre-diciembre de 1951, págs. 35-44.

INFORME QUE PRESENTA LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA SOBRE LA GUARDA Y CUSTODIA DEL ARCHIVO DEL GENERALISIMO FRANCISCO DE MIRANDA CON OCASION DE LA ENTREGA AL ARCHIVO GENERAL DE LA NACION. (Noviembre de 1926 – Mayo 2010), consultado en la página web http://www.anhvenezuela.org.ve/colecciones/archivo-de-miranda el 15-05-2017




[1] Una de las muchas veces que lo hizo fue en la Revista Nacional de Cultura, N° 89 noviembre-diciembre de 1951, paginas 35-44.
[2] Oficina del Registro Público que desde el año 2003 se fusionó con otra institución llamada Comisión Real de Manuscritos Históricos para formar los Archivos Nacional.
[4]Citado por Henríquez Uzcátegui, Gloria: Los Papeles de Miranda. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Caracas/1984; pág.. 117.

jueves, 22 de junio de 2017

Archivo fraccionado (1): La parte del archivo de Bolívar que le tocó a Pedro Briceño Méndez.

 De la casta de los bravos llaneros de Venezuela, este hijo de Barinas formaba parte de una numerosa familia que, desde su padre el coronel Pedro Briceño Pumar hasta sus cuñadas (entre las que se encontraba la heroína Josefa Camejo) entregaron su vida por la causa de la independencia. Habiendo nacido en 1792, bien pronto se encuentra rodeado de los sucesos que inician la larga lucha de emancipación, pues se encontraba en Caracas como estudiante de su Universidad cuando se da la ruptura del 19 de abril de 1810. Luego de obtener su título de Bachiller en Derecho Civil el 28 de octubre de 1811, regresa a su provincia natal, donde comienza a ejercer funciones públicas en las nuevas instituciones republicanas. No obstante, a causa de la pérdida de la Primera República en 1812, debe Briceño Méndez junto a toda la familia abandonar Venezuela para irse a refugiar en Nueva Granada; donde al poco tiempo se alista en el ejército que comanda Simón Bolívar, al lado de quién realizará la campaña de 1813 sobre su tierra natal conocida como la Campaña Admirable. Es durante este periodo que tiene sus primeros contactos con el archivo que Bolívar venia reuniendo, ya que éste lo designa inicialmente Secretario privado y luego Secretario en asuntos de Guerra.

Pedro Briceño Méndez, oleo de Tito Salas 1933

 Durante toda la Guerra de Independencia se verá al gallardo general Pedro Briceño Méndez al lado de la persona y las ideas del Libertador, ya sea actuando como militar en los campos de batalla[1], o en funciones política-administrativas desempeñando los más altos cargos en los gabinetes de gobierno: como Secretario de Guerra o de Asuntos Exteriores, y hasta como Ministro Plenipotenciario en el Congreso Anfictiónico de Panamá. Desde 1826, en que pide licencia expresa, lo encontramos ejerciendo cargos en Venezuela: Comandante de Armas de la plaza de Puerto Cabello; Senador por el Departamento del Orinoco al Congreso de 1827; el 7 de agosto de 1828 es designado como Intendente del Departamento de Venezuela, inicialmente como interino en sustitución de Cristóbal Mendoza, y luego como titular a raíz de la muerte de éste; fue también Jefe Político del Cantón de Ocumare del Tuy, Senador por la Provincia de Barinas, Representante por la de Caracas, y otros cargos más hasta que el 9 de julio de 1835 lidera en Caracas el alzamiento militar contra el Gobierno del Presidente José María Vargas conocido como la Revolución de las Reformas. Este movimiento, que al principio logró ciertas victorias, fue finalmente derrotado, sobre todo, por el prestigio político y militar del General José Antonio Páez. Con los propósitos no logrados, y tratando de resguardar su vida, se embarca para la isla de Curazao a finales de octubre de 1835, donde finalmente muere el 5 de diciembre del mismo año a causa de fiebre cerebral[2]. El destino final de los restos del Ilustre Prócer de la Independencia no pudo ser definido cuando el Gobierno de Antonio Guzmán Blanco decretó los honores del Panteón Nacional en 1876, ya que había sido enterrado en fosa común en el cementerio de aquella isla.

  La relación de amistad y amor fraternal entre Bolívar y el General barinés se vio incrementada a partir del 15 de octubre de 1825, cuando Briceño Méndez contrae matrimonio con Benigna Palacios Bolívar, sobrina del Libertador a través de su hermana Juana Bolívar. Incluso aun después de la muerte del Padre de la Patria, sigue Briceño Méndez prestándole servicios, ya que con dedicada entrega trabajó en cumplir con las funciones del albaceazgo que aquel le encomendara, como se puede ver en las diligencias que efectuó desde entes del 25 de agosto de 1832 para la partición de las joyas y demás bienes materiales que el Libertador legara a su familia[3].
 
La fracción de Briceño Méndez y sus “Apuntes…”

 La veneración a la memoria de Simón Bolívar no solo fue demostrada por el noble llanero en el cumplimiento de las misiones encomendadas, sino también en aquellas que él creyó servirían para inmortalizar la obra y pensamiento de aquel; por ello le pareció conveniente escribir un resumen de la vida del Libertador. Con este motivo fue que Daniel Florencio O´Leary y Juan de Francisco Martín deciden enviarle parte de los documentos que se encontraban en el archivo de Bolívar y que ellos encontraron en Jamaica depositado allí por el señor Juan Bautista Pavageau; específicamente O´Leary y De Francisco Martín le remiten a Briceño Méndez los documentos que correspondían a las fechas entre 1813 y 1818. Briceño Méndez cumplió su cometido y escribió sus “Apuntes sobre la Vida Pública del Libertador”, que lamentablemente no pudo ser publicado durante su vida, y hubo de esperar casi cien años después de su muerte para que el manuscrito original fuera adquirido por el Gobierno Nacional, en 1933, y fuera entonces publicado por primera vez en ese año.
 
 Nos relata don Vicente Lecuna[4], que los papeles del primitivo archivo de Bolívar que se encontraban en custodia de Pedro Briceño Méndez pasaron años después a manos de don Ramón Azpurúa, coautor junto con el Presbítero y General de la Independencia José Félix Blanco de la compilación de documentos más grande que hasta entonces se hubo publicado en Venezuela, y que fue realizada para honrar la memoria del Padre de la Patria en el centenario de su nacimiento: los “Documentos para la historia de la Vida Pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia”. En esta compilación se insertaron los documentos de la fracción del archivo de Bolívar que aquí hemos llamado “fracción Briceño Méndez”; y que luego quedaron en el archivo del señor Ramón Azpurúa hasta que el interés mercantil decidió dar otro destino, que nuevamente puso anta la fatalidad los preciados papeles, como se podrá ver en otra entrada de este blog (presiona aquí).



[1] Como en las acciones de Las Trincheras, Taguanes y Barquisimeto (1813) y Sitio de Valencia (1814).
[2] En la biografía de Pedro Briceño Méndez que publicó en el diario El Universal, de Caracas, del 22 de octubre de 1917, el célebre historiador General Manuel Landaeta Rosales refiere que en el expediente de pensión de los hijos menores del Briceño Méndez levantado en 1846 y que se encuentra en el Archivo Publico Nacional (hoy Archivo General de la Nación) se encuentra el Acta de Defunción que certifica la muerte el Prócer en la fecha y por las causas indicadas.    
[3] En esta fecha fueron avaluados las alhajas que pertenecían a Bolívar y que más tarde serian repartidas a sus herederos. En el Archivo del Libertador se encuentra una copia de dicho avalúo, así como la partición de estas joyas entre los herederos; documento que serviría de base para Juan Morales en su interesante trabajo sobre este tema que fue publicado en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia, tomo LXXXIII enero-febrero-marzo de 2000, N° 329, págs. 359-361.
[4] Lecuna, Vicente. La Casa Natal del Libertador. Caracas, 1954. Pág. 55

jueves, 15 de junio de 2017

Documentos: Proclama o Decreto de Guerra a Muerte.

 Una de las más controversiales decisiones de Simón Bolívar como protagonista político de la primera mitad del siglo XIX en la América de habla hispana fue sin duda el Decreto de Guerra a Muerte emitido en Trujillo el 15 de junio de 1813 en el contexto de la Campaña Admirable. No es el objeto de estas líneas entrar en el análisis de las circunstancias, las razones o motivos ni el resultado o consecuencias de tal decisión, temas de los que ya se han ocupado con suficiente extensión (llegando incluso a extremos lisonjeros o acusatorios) los historiadores. Mostraremos, pues, el documento en cuestión como elemento probatorio de una verdad histórica.

 En el fondo documental Archivo General de la Nación, sub-fondo Archivo del Libertador, tomo 21, folios 177 al 178 se encuentra el único ejemplar manuscrito de este trascendental documento que se conserva en Venezuela. Se trata de una copia autenticada con la firma del coronel Pedro Briceño Méndez (quien actuó durante toda la campaña como Secretario Privado del futuro Libertador y posteriormente como Secretario de Guerra) y escrito de mano del escribiente capitán Jacinto Martel (de los auxiliares que más tiempo se desempeñó en la Secretaría del Libertador, pues entro en servicio en 1813 y se retiró en 1829). El análisis del papel sobre el que se escribió el texto de la Proclama o Decreto, así como el estudio de la caligrafía demuestra que este texto fue escrito entre junio y agosto de 1813, lo que lo hace coetáneo con el original, que hasta ahora no ha sido localizado. Existe en el mismo archivo, tomo 69 folio 2, un ejemplar impreso en hoja suelta hecho Caracas por Juan Baillío (quien actuara en varios períodos como impresor oficial del Gobierno) muy probablemente poco después de la entrada de Bolívar a esa capital, lo cual ocurrió el 6 de agosto de 1813. Entre el manuscrito y la hoja impresa existen pequeñas diferencias de redacción que no alteran para nada el sentido del polémico texto, pero que muestran, una vez más, la meticulosa y constante revisión a la que el Libertador sometía sus escritos públicos, además de ofrecer material para el estudio histórico de los escritos de Bolívar.

 Presentamos el texto de la Proclama o Decreto de Guerra a Muerte tal como se redactó en el manuscrito, el cual mostramos en imágenes, al igual que la hoja impresa en Caracas:


SIMÓN BOLÍVAR,
Brigadier de la Unión, General en Jefe del Ejército del Norte libertador de Venezuela.

A sus conciudadanos.=Venezolanos:

Un ejército de hermanos, enviado por el Soberano Congreso de la Nueva Granada, ha venido a libertaros, y ya lo tenéis en medio de vosotros, después de haber expulsado a los opresores de las Provincias de Mérida y Trujillo.

Nosotros somos enviados a destruir a los españoles, a proteger a los americanos y a restablecer los Gobiernos Republicanos que formaban la Confederación de Venezuela. Los Estados que cubren nuestras armas están regidos nuevamente por sus antiguas Constituciones y Magistrados, gozando plenamente de su libertad e independencia; porque nuestra misión sólo se dirige a romper las cadenas de la servidumbre que agobian todavía a algunos de nuestros pueblos, sin pretender dar leyes ni ejercer actos de dominio, a que el derecho de la guerra podría autorizarnos.

Tocados de vuestros infortunios, no hemos podido ver con indiferencia las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña y os han destruido con la muerte; que han violado los derechos sagrados de las gentes; que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y en fin han cometido todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así, pues, la justicia exige la vindicta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre; que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignominia y mostrar a las naciones del Universo que no se ofende impunemente a los hijos de la América.= A pesar de nuestros justos resentimientos contra los inicuos españoles, nuestro magnánimo corazón se digna, aún, abrirles por la última vez una vía a la conciliación y a la amistad= todavía se les invita a vivir entre nosotros pacíficamente si detestando sus crímenes y convirtiéndose de buena fe, cooperan con nosotros a la destrucción del Gobierno intruso de la España y al restablecimiento de la República de Venezuela= Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo y castigado como traidor a la patria, y por consecuencia será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas; a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. Se conservarán en sus empleos y destinos a los oficiales de guerra y magistrados civiles que proclamen el Gobierno de Venezuela y se unan a nosotros; en una palabra, los españoles que hagan señalados servicios al Estado serán reputados y tratados como americanos.= Y vosotros, Americanos, que el error o la perfidia os ha extraviado de la senda de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan sinceramente vuestros descarríos, en la íntima persuasión de que vosotros no podéis ser culpables y que sólo la ceguedad e ignorancia en que os han tenido hasta el presente los autores de vuestros crímenes, han podido induciros a ellos. No temáis la espada que viene a vengaros y a cortar los lazos ignominiosos con que os ligan a su suerte vuestros verdugos. Contad con una inmunidad absoluta en vuestro honor, vida y propiedades; el solo título de Americanos será vuestra garantía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros, y no se emplearán jamás contra uno solo de nuestros hermanos.= Esta amnistía se extiende hasta a los mismos traidores que más recientemente hayan cometido actos de felonía; y será tan religiosamente cumplida que ninguna razón, causa o pretexto será suficiente para obligarnos a quebrantar nuestra oferta, por grandes y extraordinarios que sean los motivos que nos deis para excitar nuestra animadversión.= Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.= Cuartel General de Trujillo, 15 de junio de 1813. – 3°.= SIMÓN BOLÍVAR.=

Es copia.

BRICEÑO MÉNDEZ.
Secretario.



Archivo del Libertador, tomo 21, folio 177 anverso.

Archivo del Libertador, tomo 21, folio 177 reverso.

Archivo del Libertador, tomo 21, folio 178 anverso.


Archivo del Libertador, tomo 69, folio 2.