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miércoles, 31 de octubre de 2018

Se le restringe la práctica de la medicina doméstica “bajo el pretexto de que es mujer”.

La práctica de la medicina ha acompañado a la humanidad a lo largo de toda su historia, pues con la vida surgieron también la enfermedad y el dolor físico. La historia de la medicina es la historia del esfuerzo humano contra la enfermedad, y está estrechamente relacionada con los avances (y retrocesos) de la civilización, pues ha influido en ella en muchas ocasiones, desde cambiar el curso de la política y la guerra hasta para modificar las costumbres en los pueblos. Si bien desde los albores de la humanidad y durante miles de años esta vio la medicina como un hecho mágico-religioso, el hombre primitivo fue comprendiendo que también era posible aliviar las dolencias con el uso de las plantas y demás recursos que la naturaleza ofrecía, y fue cuando comenzó a transitarse, de manera muy lenta, del ritual del chaman y/o sacerdote al uso de la medicina doméstica; y aunque los grandes descubrimientos del siglo XVIII forzaron a la medicina a adaptarse a la investigación científica, los conocimientos ancestrales siguieron usándose y desarrollándose en el hogar doméstico, sobre todo por lo reducido del número de practicantes de la medicina científica. 
Pero otra práctica que ha acompañado a la humanidad a lo largo de su existencia, en este caso como rémora todavía no extirpada, ha sido la discriminación por razones de sexo, raza, religión, nacionalidad, etc. En esto no entraremos en detalle por ser esta vergonzosa práctica de fácil comprensión para la realidad contemporánea y en la cotidianidad de muchos.   
El documento que aquí se muestra forma parte del Archivo Histórico del estado Zulia al tomo 13 del año 1838, folios 169 a 171, en el expediente N° 17 titulado “Salubridad: Sobre la licencia pedida por la Sra. María C. Gil para ejercer la medicina doméstica”. Se trata de una representación dirigida por José María Bermúdez en nombre de su madre María Concepción Gil al Gobernador de la Provincia de Maracaibo, solicitando la licencia o patente para ejercer la medicina doméstica en la jurisdicción del cantón Perijá, en razón de que el Jefe Político de dicha entidad se la negó, según el representante, “bajo el pretexto de ser mujer”. En dicha representación Bermúdez expone argumentos lingüísticos y jurídicos que hacen ver que la negación del Jefe Político de Perijá se basa únicamente en lo que hoy catalogaríamos de discriminación de género y no en un hecho de interpretación de la ley. Acudiendo a los procedimientos burocráticos de la época, el Gobernador solicita a la Junta de Salubridad del aquel cantón que informe sobre la actividad de la señora Gil, la presencia de médicos titulados en esa jurisdicción y su parecer sobre la entrega o no de la dicha patente o licencia a la solicitante. Aunque el informe de la Junta de Salubridad de Perijá gira en torno a la mala praxis de María Concepción Gil y sus consecuencias fatales en algunos pacientes, llama la atención que el funcionario que antes le negó a Gil la solicitada patente, sea el mismo y el único que firma el informe de la Junta en que se recomienda nuevamente la negación de la solicitud. Finalmente y por razones que no se expresan, la señora Gil por medio de su representante desiste de continuar con la instancia, y se ordena (para fortuna nuestra y de los estudios históricos) que se archive el expediente que es hoy fuente para el estudio de de la discriminación de género y de los procedimientos burocráticos en los inicios de la Venezuela republicana y de mediados del siglo XIX, y de todo aquello que los investigadores alcancen a extraer de nuestro patrimonio documental.
 En la transcripción que acompaña a este documento se ha modernizado la ortografía y las abreviaturas; también se interpolan entre corchetes letras, palabras o frases que ayudan a dar sentido actual a la lectura de lo escrito hace 180 años.

Folio 169
                  
Folio 169 vuelto

Folio 170

Folio 170 vuelto

Folio 171

Transcripción
[Folio 169]
[Papel sellado con la indicación] Sello quinto para el año económico de mil ochocientos treinta y siete á treinta y ocho. Su valor UN REAL.
Señor Gobernador de la Provincia
José María Bermúdez natural y vecino de esta ciudad, ante usted con la sumisión que debe, á nombre de mi legitima madre María Concepción Gil, represento: que ésta en el cantón de Perijá por su gran experiencia y una mediana instrucción, curaba algunos enfermos, y el vecindario estaba muy contento porque veía los buenos efectos de sus aplicaciones: más á consecuencia, de que uno que se dice practicante, se opuso por qué no tenía patente, representándolo así al Concejo, se le mando: cesare en sus curaciones: ella entonces valida de la misma tarifa provisional que está vigente, ocurrió al Administrador respectivo, y este consultó al Jefe Político, quien negó la expedición de la patente bajo el pretexto de que es mujer.
La ordenanza señor, habla en términos generales: “los practicantes y lleboromistas[¿?]”, y cuando las leyes no hacen distinción, es porque la intención del legislador, fue abrazar las personas de ambos sexos, porque muy sabido es en nuestro idioma que en el artículo “Los” están envueltas las mujeres; los practicantes, esto es varones y hembras; así como cuando en el Código Civil se habla de litigantes, de deudores, etc., se comprenden en estas frases a ambos sexos: esto está en consonancia con el artículo 202 de la ley [folio 169 vuelto] fundamental que garantiza a los venezolanos todo género de trabajo, de cultura, de industria o de comercio.
Es verdad que este mismo texto a su fin exceptúa los que sean contrarios a la salubridad pública; pero no lo es menos que la industria de mi madre no lo es, por que la practica maestra de nuestras acciones a demostrado en Perijá que solo no sean perjudiciales sus curas a la salud común, es viceversa puesto que a muchos ha restituido lo que habían perdido: no le podrán argüir a mi señora y dicha madre otra cosa, sino que no ha tenido aquella clases que son necesarias a este ramo, o que le falta el titulo legal; pero esta misma razón obra en contra de Bozo su antagonista, pues este no tiene habilidad legal, ni su teoría ha sido otra que ver administrar por poco tiempo el hospital; a más de que entre nosotros no puede llevarse al cabo el escrúpulo que requiere el asunto, porque son poquísimos los titulados, mucho más en Perijá que no hay ninguno.
Se sabe que el Administrador de allí a consultado a usted, y yo me persuado que en vista de las razones aducidas no habrá dificultad en que mande conceder o librar la patente; por tanto y siendo cualquier demora, nociva a los derechos de mi representada, ocurro  sumisamente a usted suplicando se sirva decretar como solicito con la brevedad posible: es gracia que imploro en Maracaibo a 9 de enero de 1838.-
[Firmado] José María Bermúdez.
Ma [folio 170] racaibo 3 de febrero de 1838.
Pase esta representación al señor Jefe Político de Perijá para que reuniendo a la Junta de Sanidad del Cantón informe- 1°. Si la señora María Concepción Gil ha hecho o no regularmente con suceso sus aplicaciones de una medicina domestica y sencilla- 2°. Si hay o no en esa Villa algún médico o cirujano con titulo legitimo- 3°. Y si según estos antecedentes cree la Junta que deba o no permitirse a dicha señora continuar haciendo dichas aplicaciones.
[Firmado] Romero
[Firmado] Juan Francisco Troconis
                             Secretario.

Junta de Sanidad del Cantón Perijá. Febrero 13 de 1838
                               9° y 28°
En cumplimiento del informe pedido por el señor Gobernador en su decreto fecha 3 del actual mes a resueltas del antecedente escrito presentado por el señor José María Bermúdez a nombre de su señora madre María Concepción Gil vecinos de Maracaibo; ha acordado la Junta en sesión de hoy informar a Su Señoría lo siguiente-1°- Que la señora María Concepción Gil no ha hecho con sucesos seis aplicaciones de una medicina doméstica y sencilla, antes por el contrario han sido escandalosas muy lejos de ser provechosas, porque al difunto Francisco Corona, solo padecía de una Erisipela, a la cual puso fomentos y cataplas[folio 170 vuelto]mas de Baradero, con [que] le puso la Gangrena y abrevió su muerte entre dos horas; y no se refieren otros muchos ejemplares de estos por no ser difusos- 2°- Que medico solo hay el señor Ramón Bozo y este no tiene título, peri fue practicante del hospital de Maracaibo hasta el año pasado que llegó a esta Villa y lo puede hacer ver en caso que se ofrezca con los facultativos con quienes ha practicado en dicho Hospital- y -3°- Que la Junta no juzga se le pueda permitir a dicha señora continuar en sus curaciones arriba expresados. Póngase en conocimiento del señor Gobernador en cumplimiento del informe pedido. Con lo que se concluyó esta sesión que firman conmigo de que certifico.
El Jefe Político
[Firmado] Ponciano Martínez
[Firmado]Clemente Díaz
                  Secretario
Marzo 1° de 1838
Habiendo manifestado el interesado que no pensaba ya continuar la instancia, se mandó archivar este expediente.
[Firmado] Trocónis
Secretario

[Folio 171]

Jefatura Política                        República de Venezuela                    3
Perijá Febrero 14 de 1838. 9° y 28°.
Número 31 
Señor Gobernador de la Provincia.
Remito a Vuestra Señoría el informe que pide en la representación de la señora Concepción Gil, evacuado por la Junta de Sanidad del Cantón, el que ha tenido un poco de demora por no haber dado más tiempo las circunstancias como Vuestra Señoría lo sabe.
Dios guarde a Vuestra Señoría
[Firmado] Ponciano Martínez.

sábado, 27 de octubre de 2018

Juan de Francisco Martín, la fracción olvidada.

 La sincera amistad y profunda confianza que existió entre Bolívar y Juan de Francisco Martín fue la causa por la que el venezolano quisiera que el ilustre cartagenero se encargara de cuidar de algunos de sus asuntos cuando la muerte, que todo lo arruina, lo llamara a la eternidad.
  Esa confianza de que fue merecedor el señor de Juan de Francisco Martín fue
Juan de Francisco Martín (Cartagena 1799- París 1869).
constante, y repitió su razón cuando en 1831, ya muerto El Libertador, el Gral. Ignacio Luque apoyó las revueltas que buscaban borrar la obra y grandeza del ideal bolivariano en el territorio de Colombia la grande, por lo que Juan de Francisco Martí entregó, el 24 de abril de aquel año, el mando de la Prefectura del Magdalena, a pesar de que los sublevados le insistían por muchas vías y con varios emisarios que permaneciera en el cargo y en la ciudad. Fue su firme convicción política, grandeza de principios y la ya señalada sincera amistad y gratitud al Padre de la Patria lo que le llevaron a preferir el destierro que el roce con los enemigos de Bolívar. En efecto, el 28 de ese mes el Comodoro británico Tarquhar puso a su disposición la fragata Champion que lo llevó, junto al Gral. Daniel Florencio O´Leary, a la isla de Jamaica.
 Juan de Francisco Martín no sentiría tanto como sus copartidarios el rigor del destierro, pues desde hacía algún tiempo sostenía un negocio en aquella isla en sociedad con el francés Juan Bautista Pavageau, quien, como quedó dicho en otras entradas[1], fue el responsable de sacar del hervidero político en que se había convertido el territorio de Colombia la grande, los diez baúles de papeles que conformaban el archivo de Bolívar. Ocupándose de sus actividades comerciales primero, vemos luego a Juan de Francisco Martín actuando en distintos cargos públicos de su país natal cuando la efervescencia de las hostilidades contra los antiguos bolivarianos bajaron; es así que funge como representante en el Congreso en 1847, Cónsul de Nueva Granada en Jamaica, Ministro Extraordinario en el Ecuador, en Perú, y luego en Gran Bretaña; y algunos años después como representante diplomático de esa misma nación en Francia, a donde llega con su familia. Entre aquel grupo familiar se encontraba su hija Boliviana, en quien quiso expresar, una vez más, su eterno aprecio y fidelidad al Libertador.

Los papeles de Bolívar en Francia.
  Las aristas del destino son siempre causa de curiosidad para muchos, y sí a eso unimos las posibilidades de intervención humana, dará como resultado material para la investigación histórica, como es el caso de los papeles de Bolívar en Francia.
  La primitiva intención de Simón Bolívar de retirarse de América con destino a Europa, particularmente a París, fue expresada por él en múltiples ocasiones, sobre todo cerca de los días de su muerte; ejemplo es la conversación con su médico, el francés Alejandro Prospero Revered, a quien le consultó si deseaba volver a Francia, éste le contestó: “De todo corazón” a lo que Bolívar exclamó: “Pues bien, póngame usted bueno, doctor, e iremos juntos a Francia.”[2]
  Si a este anecdótico dato agregamos las instrucciones dadas a Juan Bautista Pavageau de trasladar a Francia los ya referidos 10 baúles de papeles, se demuestra con claridad la intención de Bolívar de retirarse de la actividad pública y buscar el descanso en París donde, tal vez, se dedicaría a escribir sus memorias con la ayuda de los papeles que había hecho trasladar. El 16 de diciembre de 1830 salen los papeles hacia la Ciudad Luz, pero el 17 se frustran los planes con la muerte del Libertador, y los papeles deben ser depositados en Jamaica[3]. Se ha repetido, siguiendo la tradición y respetando la autoridad que en esto representa el discurso de Vicente Lecuna, que en esta isla del mar Caribe se fraccionó el archivo de Simón Bolívar en tres partes para igual número de personas[4]. La fracción del archivo de Bolívar que correspondió a Juan de Francisco Martín será la única que cumpliría los deseos de su propietario original de llegar a París. Sin embargo, debemos aquí detenernos, dar un salto en este recorrido cronológico tras la pista de los papeles de Bolívar y trasladarnos a la segunda década del siglo XX para toparnos con una incertidumbre sobre el discurso de Lecuna acerca del fraccionamiento de los papeles en Jamaica.
 Fue el Dr. Carlos Antonio Villanueva (1865- 1925), diplomático e historiador, miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela y de varias otras corporaciones afines, y quien tuvo una importante participación en el hallazgo de la fracción de los papeles de Bolívar entre los descendientes de Juan de Francisco Martín, el que planteó la posibilidad de que aquel fraccionamiento se hubiera realizado en el país galo en presencia de todo el conjunto de papeles, y lo hizo en estos términos:
“Los baúles de papeles llegaron a Kingston (Jamaica) y debemos suponer que O´Leary que venía preparando ya, como él mismo nos lo dice [sic] la “Narración”, pidiese a Don Juan de Francisco Martín le cediese una parte de ellos, o el todo para mayor documentación de su estudio histórico, cosa que no hiso, apareciendo la “Narración” un trabajo en que poco entraron los papeles del Archivo.
[…]
Si aceptamos que fue en Jamaica donde Don Juan de Francisco Martín hiso la entrega a O´Leary (pues a veces nos asalta la duda de que bien pudo ser en Paris, donde ambos vivieron años pasados)…” [5]

  Siendo una realidad que la parte narrativa de las Memorias del General O´Leary tiene muy poca información de la muchísima que se pudo obtener de los papeles del archivo, y siendo también que la Advertencia a dicha obra está fechada en julio de 1840, cuando ya tendría unos nueve años de haber recibido la fracción que le correspondió, podría plantearse la hipótesis de que O´Leary vino a obtener la parte de los papeles que le cedió el Albacea del Libertador entre 1852 y 1853 cuando ambos se encontraban en París. Todo esto puede quedar como una simple curiosidad del historiador Carlos A. Villanueva, o ser material de investigación histórica.


  Lo que es un hecho cierto e innegable es que una parte del contenido de los originales 10 baúles de papeles bolivarianos sí llegó a París, ya no enviados por Bolívar, sino llevado por su albacea y nuevo custodio Juan de Francisco Martín durante el tiempo en que representó los intereses de Nueva Granada en Francia como Ministro Plenipotenciario.
Acercándose al momento de la muerte, Juan de Francisco Martín dio instrucciones a sus descendientes de conservar y no publicar nada del contenido de aquellos baúles hasta que pasara algún tiempo; instrucción que fue cumplida a cabalidad por su hija Boliviana cuando quedó en posesión de los inquietos y viajeros baúles con papeles. Doña Boliviana de Francisco-Martín y Orrantia contrajo nupcias con el español José Quiñones de León y Santalla, y serán estos los padres de José María Quiñones de León de Francisco Martín, Embajador Plenipotenciario de España en Francia y amigo personal del rey Alfonzo XII.
 
Carlos A. Villanueva (Caracas 1865- París 1925)
En la residencia del embajador Quiñones de León se encontraban los baúles con papeles bolivarianos cuando éste tomó, en 1921, una decisión con respecto ellos, y que nos lo relata como protagonista el ya citado historiador y diplomático Carlos A. Villanueva:
“… Don José María Quiñones de León, quien habiendo considerado cumplido el término de la prescripción de 50 años para los papeles de Estado y pasados más de 90 de la muerte de Bolívar, y consideración habida de que si se guardaba por más tiempo la caja sin abrirla los papeles podrían sufrir más de lo que ya habían por la polilla y la humedad, resolvió entregar la caja a una Comisión de historiadores americanos y amigos personales suyos que representasen la Gran Colombia siendo ellos naturales de ella, la abriesen y clasificaran, estudiaran y catalogaran los papeles y resolvieran lo mejor a hacer con ellos, que S.E. ni nadie sabía en verdad que contenían, sabiéndose solamente “eran papeles de Bolívar””.
S.E. designó para representar a Colombia a S.E. Don Francisco José de Urrutia, de la Academia Nacional de la Historia de Colombia, autor de las celebradas “Paginas de la Historia Diplomática Americana”, al Ecuador a S.E. Enrique Dorn y de Alsúa, y la representación de Venezuela la confió a quien estas páginas escribe. La Comisión nombró al Dr. Urrutia para su Presidente; al Sr. Dorn y de Alsúa, su informante y a Villanueva su Secretario. S.E. hizo trasladar la caja de su Palacio particular al de la Embajada de España en París, donde puso amablemente una habitación a nuestra disposición para el estudio que nos había confiado, y en ella en presencia del Conde de Jiménez de Molina, segundo secretario de la Embajada, representante de S.E. y de los tres miembros de la Comisión se procedió a abrirla a las 5 de la tarde del sábado 14 de mayo de 1921. Asistimos puede bien decirse, a la exhumación de Bolívar, de su obra, de su historia, de la Historia de la emancipación de América. Y religiosamente fuimos sacando el cuerpo a la luz, esto es, los paquetes de papeles, y desde el primer momento comprendimos que estábamos en presencia de una parte del archivo de Bolívar, cuya existencia ni se sospechaba.[6]
  Tan importante hallazgo no tuvo nunca la intención de ser ocultado ni por el señor Quiñones de León, ni por nuestro compatriota Villanueva ni por los demás historiadores miembros de la comisión “exhumadora”, ya que bien pronto se tuvieron noticias de aquella novedad en Venezuela, lo que a su vez hizo expresar una vez más el “apostolado” bolivariano de Vicente Lecuna para que la nación pudiera obtener el incalculable tesoro histórico que recogía una parte importante de su historia. Aunque lamentablemente, como él mismo lo reconoce[7], sus gestiones personales y directas en este caso no dieron el resultado deseado, indirectamente siempre habrá de merecer el honor de ser el unificador de las cuatro grandes secciones del moderno Archivo del Libertador.  

La “Sección Juan de Francisco Martín” del Archivo del Libertador.
  Hemos de imaginarnos la enorme emoción de Lecuna al saber la existencia del aquel repertorio documental, que ni la frustración de sus primeras diligencias pudo opacar o disminuir, y de inmediato fue pronto en solicitar ayuda de instancias gubernamentales (llegando hasta la persona del propio Presidente de la República, General Juan Vicente Gómez) para lograr infundirles esa misma emoción. La acción de Lecuna logra involucrar al Embajador de Venezuela en París, el señor Simón Barceló, por ser homologo y tal vez amigo del poseedor de los papeles. Con este nuevo facilitador se logra el objetivo deseado y la República de Venezuela adquiere en 1928 “mediante una importante suma”[8] de dinero, la parte del archivo de Bolívar que Juan de Francisco Martín había conservó para sí.
  Por Resolución del Gobierno se le dio destino y organización a este cúmulo de papeles que hoy conocemos como “Sección Juan de Francisco Martín” del Archivo del Libertador:

Estados Unidos de Venezuela- Ministerio de Relaciones Interiores- Dirección Administrativa- Sección Administrativa- Caracas, 27 de Abril de 1928_ 119° y 70°.
Resuelto:
Por disposición del ciudadano Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, se nombra una Comisión compuestas por los ciudadanos Doctor Vicente Lecuna, Doctor Vicente Dávila y Simón Barceló, para que estudie y clasifique la parte del archivo del Libertador, donada[9] a la Nación venezolana por Don José María Quiñones de León, Embajador de su Majestad el Rey de España ante el Gobierno de la República Francesa, que se agregará a las otras partes del mismo archivo existente en la Casa Natal del Libertador. Comuníquese y publíquese.
Por el Ejecutivo Federal,
Pedro M. Arcaya. [10]

  El informe que esta Comisión remitió al Ministro del Interior el 4 de junio de 1928 da cuenta de la gran variedad  del contenido de aquellos cajones, que no solo contenían los cuadernos copiadores de órdenes de 1818 y 1819, que ya era mucho decir, sino que se extendían hasta cartas personales tanto a familiares y parientes (tales como María Antonia Bolívar, Anacleto Clemente,  Juana Bolívar, etc.) y oficios a varias personalidades de la época de la independencia (como Rafael Urdaneta, Antonio José de Sucre, José Antonio Páez, Pedro León Torres, Tomas de Heres, entre otros) que permitieron esclarecer muchas lagunas históricas que hasta entonces se tenían. Mención especial debe tener que entre aquellos papeles se encontrara varios borradores del Discurso de Bolívar leído ante el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819, y que solo se conocía mediante el impreso que en su momento hizo el Correo del Orinoco.
  Con la supervisión de Lecuna, Dávila y Barceló, a los que se unió más tarde el señor Juan Vicente Camacho, el ya experimentado Antonio González Vidal se dedicó a la organización de los más de doce mil documentos que contenían aquellos baúles, tarea en la que contó con la colaboración de Luis Domínguez U., G. Domínguez Rojas[11] y Asteria de González Vidal. En total se produjeron 65 gruesos Tomos que fueron encuadernados por Ramón González Blomont en 1929.
  Con esta nueva adquisición del estado venezolano, se logró reunir las tres fracciones en que fue dividido el primitivo archivo de Bolívar durante la primera mitad del siglo XIX (O´Leary, Briceño Méndez y de Francisco Martín), a las que se agregó el fondo documental reunido durante tantos años por el señor Pérez y Soto; y es la base de lo que se conoce hoy como Archivo del Libertador.
Pero lejos se estaba de haber reunido la totalidad de la producción epistolar y documental salida de la “cabeza de los milagros” del grande hombre de América, pues los años contribuirían a poder acopiar otra buena cantidad de papeles; y aunque en menor medida que los reunidos bajo la fiel dedicación del doctor Vicente Lecuna en las cuatro secciones resguardadas en la Casa Natal, no serán menos importantes en su contenido ni menos interesantes en sus vicisitudes y forma de reunirlos[12].




[2]Reverend, Alejandro Prospero: LA ULTIMA ENFERMEDAD, LO ULTIMOS MOMENTOS Y LOS FUNERALES DE SIMÓN BOLÍVAR Libertador de Colombia, Ecuador, Panamá, Perú, y Venezuela y Fundador de Bolivia. París, Imprenta Hispano-Americana de Cosson y Comp. 1866. Pág. 34.
[5]Extracto de un estudio inédito de Carlos A. Villanueva insertado en el Estudio Preliminar de Blas Bruni Celli al Catalogo Donación Villanueva a la Academia Nacional de la Historia. Caracas, 1965, pág. 10.
[6]Ídem. Pág. 10-11.
[7] Lecuna, Vicente: La Casa Natal del Libertador. Publicaciones de la Sociedad Bolivariana de Venezuela. Caracas- Imprenta Nacional- 1954, pág. 58.
[8] Estudio preliminar de Pedro Grases en: Sociedad Bolivariana de Venezuela; Escritos del Libertador Tomo I Introducción General; pág. 8. 
[9]Mucho nos extraña que en el caso de la “Sección Juan Bautista Pérez y Soto” los encabezamientos de las portadas de los tomos digan: “Papeles adquiridos por el Gobierno de la República de Venezuela…”, mientras que los de la “Sección Juan de Francisco Martín” digan: “… cedida por el Señor Quiñones de León”; ya que adquirir y ceder son decididos antónimos, y el ultimo en nada refleja lo ocurrido con la presente Sección. Según la Comisión Editora de los Escritos del Libertador, esta adquisición se realizó “por una importante suma” de dinero, véase la nota anterior. 
[10]Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Tomo XI Abril-Junio de 1928. N° 42. Caracas, Venezuela, pág. 130.
[11]Tomado de las portadas de los Tomos del Archivo del Libertador. Hasta la fecha ha sido imposible establecer los nombres de pila de las referidas iniciales.
[12] Otros fondos documentales que también se reunieron, encuadernaron y conservaron en la Casa Natal del Libertador bajo la dirección de Vicente Lecuna, fueron el Archivo del Mariscal Sucre y el Archivo de José Rafael Revenga, personajes estrechamente relacionados con la Guerra de Independencia y con su máximo líder Simón Bolívar. Estos archivos constituyen también fuente imprescindible de datos para estudiar aquel periodo de nuestra historia. Para conocer la historia del Archivo  de Sucre siga este enlace https://goo.gl/C6ul6h