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martes, 26 de noviembre de 2019

Documentos: Tratado de Regularización de la Guerra.

Folio 393 frente
Folio 393 vuelto
Ubicación del Documento: Fondo Archivo General de la Nación, sub-fondo Archivo del Libertador, sección "Memorias del General O´Leary", tomo 28, folios 393 frente al 396 frente.

Tratado de Regularización de la Guerra, acordado el 26 de noviembre de 1820 y ratificado el 27 del mismo. 

Deseando los Gobiernos de España y de Colombia manifestar al mundo el horror con que ven la guerra de exterminio que ha devastado hasta ahora estos territorios, convirtiéndolos en un teatro de sangre; y deseando aprovechar el primer momento de calma que se presenta para regularizar la guerra que existe entre ambos Gobiernos, conforme a las leyes de las naciones cultas, y a los principios más liberales y filantrópicos, han convenido en nombrar Co-misionados que estipulen y fijen un tratado de regularización de la guerra; y en efecto, han nombrado el Excmo. señor General en Jefe del Ejército expedicionario de Costa Firme, Don Pablo Morillo, Conde de Cartagena, de parte del Gobierno español, a los señores Jefe Superior Político de Venezuela, el Brigadier Don Ramón Correa, Alcalde primero constitucional de Caracas, Don Juan Rodríguez Toro, y Don Francisco González de Linares; y el Excmo. señor Presidente de la República de Colombia Simón Bolívar, como Jefe de la República, de parte de ella, a los señores General de Brigada Antonio José de Sucre, Coronel Pedro Briceño Méndez, y Teniente Coronel José Gabriel Pérez, los cuales autorizados competentemente han convenido y convienen en los siguientes artículos.
Art. 1° La guerra entre España y Colombia se hará como la hacen los pueblos civilizados, siempre que no se opongan las prácticas de ellos a alguno de los artículos del presente Tratado que debe ser la primera y más inviolable regla de ambos Gobiernos.
Art. 2° Todo militar o dependiente de un ejército tomado en el campo de batalla aun antes de decidirse ésta, se conservará y guardará como prisionero de guerra, y será tratado y respetado conforme a su grado hasta lograr su canje.
Art. 3° Serán igualmente prisioneros de guerra y tratados de la misma manera que éstos, los que se tomen en marchas, destacamentos, partidas, plazas, guarniciones y puestos fortificados, aunque éstos sean tomados al asalto, y en la marina los que lo sean aun al abordaje.
Art. 4° Los militares o dependientes de un ejército que se aprehendan heridos o enfermos en los hospitales, o fuera de ellos, no serán prisioneros de guerra, y tendrán libertad para restituirse a las banderas a que pertenezcan luego que se hayan restablecido. Interesándose tan vivamente la humanidad en favor de estos desgraciados, que se han sacrificado a su patria y a su gobierno, deberán ser tratados con doble consideración y respeto que los prisioneros de guerra, y se les prestará por lo menos la misma asistencia, cuidado y alivio que a los heridos y enfermos del ejército que los tenga en su poder.
Art. 5° Los prisioneros de guerra se canjearán clase por clase y grado por grado, o dando por superiores el número de subalternos que es de costumbre entre las naciones cultas.
Art. 6° Se comprenderán también en el canje, y serán tratados como prisioneros de guerra, aquellos militares o paisanos que individualmente o en partidas hagan el servicio de reconocer u observar, o tomar noticia de un ejército para darlas al Jefe de otro.
Folio 394 frente
Folio 394 vuelto

Art. 7° Originándose esta guerra de la diferencia de opiniones: hallándose con vínculos y relaciones muy estrechas los individuos que han combatido encarnizadamente por las dos causas; y deseando economizar la sangre cuanto sea posible, se establece que los militares o empleados que habiendo antes servido a cualquiera de los dos Gobiernos hayan desertado de sus banderas y se aprehendan bajo las del otro, no puedan ser castigados con pena capital. Lo mismo se entenderá con respecto a los conspiradores y desafectos de una y otra parte.
Art. 8° El canje de prisioneros será obligatorio, y se hará a la más posible brevedad. Deberán, pues, conservarse siempre los prisioneros dentro del territorio de Colombia, cualquiera que sea su grado y dignidad; y por ningún motivo ni pretexto se alejarán del país llevándose a sufrir males mayores que la misma muerte.
Art. 9° Los Jefes de los ejércitos exigirán que los prisioneros sean asistidos conforme quiera el Gobierno a quien éstos correspondan, haciéndose abonar mutuamente los costos que causaron. Los mismos Jefes tendrán derecho de nombrar comisarios, que trasladados a los depósitos de los prisioneros respectivos, examinen su situación, procuren mejorarla, y hacer menos penosa su existencia.
Art. 10. Los prisioneros existentes actualmente gozarán de los beneficios de este Tratado.
Art. 11. Los habitantes de los pueblos que alternativamente se ocuparen por las armas de ambos Gobiernos, serán latamente respetados, y gozarán de una y absoluta libertad y seguridad, sean cuales fueren o hayan sido sus opiniones, destinos, servicios y conducta con respecto a las partes beligerantes.
Art. 12. Los cadáveres de los que gloriosamente terminen su carrera en los campos de batalla, o en cualquier combate, choque o encuentro entre las armas de los dos Gobiernos, recibirán los últimos honores de la sepultura, o se quemarán cuando por su número, o por la premura del tiempo, no puede hacerse lo primero. El ejército o cuerpo vencedor, será el obligado a cumplir con este sagrado deber, del cual, sólo por una circunstancia muy grave y singular podrá descargarse, avisándolo inmediatamente a las autoridades del territorio en que se hallan para que lo hagan. Los cadáveres que de una y otra parte se reclamen por el Gobierno o por los particulares, no podrán negarse, y se concederá la comunicación necesaria para trasportarlos.
Folio 395 frente

Art. 13. Los Generales de los ejércitos, los Jefes de las divisiones y todas las autoridades estarán obligados a guardar fiel y estrictamente este Tratado, y sujetos a las más severas penas por su infracción, constituyéndose ambos Gobiernos responsables a su exacto y religioso cumplimiento, bajo la garantía de la buena fe y del honor nacional.
Art. 14. El presente Tratado será ratificado y canjeado dentro de sesenta horas y empezará a cumplirse desde el momento de ratificación y canje; y en fe de que así lo convenimos y acordamos nosotros los Comisionados de España y de Colombia, firmamos dos de un tenor, en la ciudad de Trujillo a las diez de la noche del 26 de noviembre de 1820.
                            [Firmado] Ramón Correa.        [Firmado] Antonio José de Sucre.
                      [Firmado] Juan Rodríguez Toro.     [Firmado] Pedro Briceño Méndez.
          [Firmado] Francisco González de Linares.     [Firmado] José Gabriel Pérez.

Folio 395 vuelto

Simón Bolívar, Libertador Presidente de la República de Colombia etc, etc, etc.
Por cuento los Señores General de Brigada Antonio José Sucre, Coronel Pedro Briceño Méndez y Teniente Coronel José Gabriel Pérez, mis Comisionados para ajustar y concluir un tratado que regularice la guerra entre España y Colombia con los Comisionados del Excelentísimo Señor General en Jefe del ejército expedicionario de Costa firme, Don Pablo Morillo Conde de Cartagena, de parte del Gobierno Español; Señores Jefe Superior Político de Venezuela Brigadier Don Ramón Correa, Alcalde primero Constitucional de Caracas Don Juan Rodríguez Toro y Don Francisco González de Linares, han acordado y convenido el presente tratado de regularización de la guerra entre España y Colombia, el cual consta de catorce artículos, ha sido firmado por ambas partes en esta ciudad de Trujillo el veintiséis de noviembre corriente a las diez de la noche. Por tanto y hallándole conforme a los poderes y e instrucciones que comuniqué a mis dichos Comisionados, he venido en aprobarlo, confirmarlo y ratificarlo como lo apruebo, confirmo y ratifico en todas y cada una de sus partes.
Dado, firmado, sellado con el sello provisional del estado y refrendado por el por el Ministro de la Guerra en el Cuartel general de la Ciudad de Trujillo a veintisiete de noviembre de mil ochocientos veinte.
[Firmado] Simón Bolívar
Por mandado de Su Excelencia
[Firmado] Pedro Briceño Méndez.”

[Hay la marca de lo que fue un sello de lacre].

Folio 396 vuelto

viernes, 25 de octubre de 2019

Acopio Documental: la labor del Gral. Daniel Florencio O´Leary (I).

El soldado historiador, así llamó don Mario Briceño Perozo[1] al joven miliar que salió de la isla de Irlanda en 1818 cautivado por el espíritu de la aventura, para convertirse en un descollante prócer de la Independencia Latinoamericana y apóstol de la memoria del Libertador Simón Bolívar: el Gral. de Brigada Daniel Florencio O`Leary (1800-1854). 

  Desde el principio de su llegada a Venezuela (marzo de 1818) fue recogiendo datos e información con la mera intención de informar a su familia y amigos en Irlanda sobre los sucesos y los personajes de estas nuevas tierras, por él y por ellos desconocidos. Luego de acopiar gran cantidad de documentos durante toda la guerra de independencia, fue que pensó en escribir sobre la vida del grande hombre Simón Bolívar. 

  Por lo menos desde 1825 comienza a hacer pública su intención de escribir historia, esto queda de manifiesto en la carta que su amigo Guillermo Miller le escribiera el 12 de agosto de dicho año, respondiendo a una que previamente le enviara O´Leary:

“Encantado estoy de saber que el mundo va a ser favorecido con “Las cartas peruanas” por el señor Don Daniel Florencio O`Leary. ¡Que ruido harán en ambos hemisferios! (…) De paso permítame U. que le pregunte si no sería mejor que en la portada sustituyera usted Coronel en vez de Don.[2]

  En 1831 recibió una cuantiosa fracción de los papeles que integraban el archivo personal de Bolívar el cual, según el testamento de este, debía darse a la destrucción por fuego pero que el señor Juan de Francisco Martín, albacea testamentario, decidió dividir y entregar, como queda dicho, una parte al irlandés.
  La parte que correspondió a O´Leary fue la comprendida entre los años 1819 a 1830, que es el periodo en que el joven militar entra a participar en la Guerra de Independencia suramericana y se halla cerca del Libertador llegando a estar entre el generalato grancolombiano; por tanto, es un periodo vívidamente conocido por él y que podría narrar en primera persona. En ese periodo se desarrollaron sucesos capitales para la formación de las nuevas naciones: la creación de la Gran Colombia (1819), la campaña sobre Nueva Granada (1819-1820), la Campaña sobre Venezuela (1820-1823), la Liberación del Sur (1822-1825), la creación de Bolivia (1825), Congreso de Panamá (1826), el movimiento de La Cosiata (1826;1830), la Convención de Ocaña (1828), la guerra entre Perú y Colombia (1828-1829), el Congreso Admirable (1830), la muerte del Libertador y la desmembración de su proyecto colombiano de Bolívar (1830-1831), entre otros.
  Todos aquellos sucesos, junto a las opiniones y acciones que sobre ellos tuvo su principal protagonista, Simón Bolívar, merecían ser contados a las futuras generaciones con la mayor precisión, equidad y justicia que las limitaciones humanas pudieran permitir; y para ello era imprescindible contar con documentos que mostraran la verdad tangible y la acercaran a aquellos principios. Fue con esta intención que Daniel Florencio O´Leary solicitó los papeles que su antiguo jefe había guardado. Y si desde su llegada a tierras americanas había comenzado a reunir papeles para informar a sus familiares y amigos sobre los sucesos de la aventura en la que había decidió participar, tal interés por contar una historia en la que él mismo era protagonista se incrementaba a medida que iba conociendo en la intimidad al Grade Hombre de América: en la gloria de las victorias y en la amargura de las derrotas; pero siempre en las dificultades que lo rodearon.
 Pero creyó O´Leary que los papeles que él había reunido durante tanto tiempo, junto a los que ahora recibía del archivo de Bolívar eran todavía muy pocos para tan magna empresa, y se dedicó entonces a solicitar a viejos amigos y antiguos compañeros de armas más información sobre sus actuaciones y opiniones sobre la gesta de independencia, proceso que era en esencia la vida misma de Bolívar. Personajes como Bartolomé Salom, Rafael Urdaneta, Jacinto Lara, Juan José Flores, Tomas de Heres, Mariano Montilla, Belfort Wilson, entre otros, accedieron a las solicitudes que el antiguo soldado y nuevo historiador les dirigía con no poca insistencia; y por medio de ellos logró que otros también contribuyeran a su labor.
  El manuscrito que ahora mostramos es un ejemplo palpable de esa tarea a la que se avocó Daniel Florencio O´Leary para reunir, conservar y difundir las evidencias y testimonios del pasado que le tocó vivir; y que en valor agregado facilitó el incremento de nuestro patrimonio documental archivístico con valor histórico, tan necesario para los investigadores. Con este ológrafo iniciamos también las entradas en este blog con la etiqueta “Acopio Documental” en la cual iremos publicando, tanto para rescatar del olvido como para agradecer, los esfuerzos que nobles personajes hicieron en su momento para salvar de la casi segura perdida o destrucción trozos de la memoria colectiva nacional (e incluso de más allá de nuestras fronteras) que quedó plasmada en papel, y que hoy constituyen parte esencial de la identidad venezolana, aunque nuestra sociedad no lo valorice, en gran medida, por desconocerlo.
  El documento de marras[3] es una carta de O´Leary dirigida a Ana Villamil Garaycoa, viuda del coronel Pedro José Alarcón. La destinataria era integrante de una familia guayaquileña en la que la veneración al Libertador Simón Bolívar por parte de las mujeres era un asunto casi de genética, rayando en la adoración. Por su parte, Pedro José Alarcón fue un cumanés que, enrolado en el ejército independentista, llegó durante la Campaña del Sur al actual Ecuador con la fuerza comandada por su coterráneo Antonio José de Sucre, del que sería edecán, secretario y amigo muy cercano al punto nombrarle albacea testamentario y posible curador de su hija. Esa confianza y amistad quedó también reflejada cuando el Gran Mariscal confió a Alarcón, para trasladar desde Bolivia hasta Quito, un conjunto de papeles oficiales y personales de vital importancia, hecho aludido en la carta que sigue.

Kingston, 31 de diciembre de 1832.
A mi señora Ana Villamil de Alarcón.
Mi estimada señora:
He tenido el honor de recibir la apreciable carta que usted se dignó escribirme con fecha 3 de noviembre último y por ella me he impuesto con infinita pena de la perdida lamentable que usted acaba de sufrir de su digno esposo, mi antiguo amigo y conmilitón el Coronel Alarcón. No me atrevo a ofrecer a usted consuelo alguno[,] aunque bien pudiera decirle que hombres como Alarcón que al través de tantas iniquidades e infames perfidias han sabido mantener ilesa la dignidad de sus principios son demasiado buenos para vivir en esta época de horror.
Ha sido excesiva la bondad de usted de recordarse el encargo que yo hice a Alarcón. Ofrezco a usted mis agradecimientos y le doy las gracias por las dos copias de cartas que usted se sirvió franquearme por conducto del señor Wright. Me tomaré la confianza de rogar a usted si por alguna feliz casualidad vuelven a manos de usted los papeles que el Gran Mariscal confió a Alarcón[,] extenderá usted su bondad hasta permitir que Wright tome copias de aquellos que puedan serme útiles en la empresa de que me he hecho cargo a suplica de varios amigos del Libertador.
Si su papá estuviera en esa[,] le suplicaría me proporcionase algunos datos con respecto al estado de Guayaquil, previo a nuestra entrada en el año 22, pero entiendo que actualmente se halla ausente. Yo lo saludo respetuosamente, como a las señoras sus tías y parientes. Y condoliéndome sinceramente con usted me permito ofrecerle la amistad y servicios de mi mujer y tres niñitos que tengo.
Soy de usted mi estimada señora su atento amigo y humilde servidor
Que Besa Sus Pies
D.F. O´Leary


Primer folio, frente.
Primer folio, vuelto.
Segundo folio, frente.
Aunque no pudiera el soldado-historiador incluir en su acopio documental la totalidad del conjunto de papeles que Sucre entregó al coronel Pedro José Alarcón, finalmente, muchos años después, estos integrarían el patrimonio documental venezolano por otra vía, como se reseñará en próxima entrada de este blog.


[1] Boletín de la Academia Nacional de la Historia. Tomo LXV, abril-junio de 1982, N° 258, págs. 491 a 494.
[2]“Memorias del General O`Leary”. Tomo XII. Pág. 49.
[3] Localizado en el fondo Archivo General de la Nación, sub-fondo “Archivo del Libertador”, sección “Archivo del Gran Mariscal de Ayacucho”, tomo XIII, documento 73.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

El archivo de Francisco Javier Yanes, el “padre de la historia venezolana”.



 La nacionalidad venezolana, surgida a partir del 5 de julio de 1811 y ratificada con la Constitución Federal de dicho año, arropó a un caballero oriundo de la villa de Santa María del Puerto de Príncipe (hoy Camagüey, Cuba) quien, con apenas 9 años de residencia en el país, pasó de ser “uno más” a convertirse en actor principal de cada una de las fases del proceso de emancipación y consolidación del edificio republicano. Francisco Javier Yanes (abogado, estadista, historiador, periodista, catedrático) está entre los próceres de la independencia que con mayor diversidad de roles aportó talento y esfuerzo a la construcción de la identidad nacional.

Su labor como fundador.

 Nació 12 de mayo de 1777 en una familia de las muchas que en las Indias españolas disponían de rancio abolengo y prestigio, pero pocos recursos económicos. Llegó a Caracas el 9 de mayo de 1802 traído por su tío, el Dr. Francisco Javier Socarrás, médico y boticario cuyo consultorio y farmacia quedaba en la esquina que hasta hoy lleva su apellido en la bulliciosa capital venezolana. El 28 de junio de 1806 obtuvo el título de Licenciado en Derecho Civil y Canónico expedido por la Real y Pontificia Universidad de Caracas. Contrajo nupcias con María de Socarrás y Venza, hija adoptiva de su tío, apenas 10 días antes de los sucesos del 19 de abril de 1810[1]. Inmediatamente se involucró en los movimientos políticos que a partir de ese día iniciarían la transformación de la vida social y cultural de la hasta entonces poco reluciente Capitanía General de Venezuela. El 14 de agosto del citado año, Yanes se encontrará entre los fundadores de la muy activa y virulenta Sociedad Patriótica.

La Junta Suprema de Caracas lo comisiona “para llevar la armonía y la concordia a la villa de Araure y sus dependencias e impedir que cundiera en ellas el germen reaccionario que operaba en Coro, por consecuencia de los sentimientos personales que dividían a aquellos habitantes. Yanes obró con tal cordura que, pronto, volvieron las cosas a su aplomo, calmándose las pasiones y puestos ya en son de reconciliación, le llegaron al Marqués del Toro, que tenía su cuartel en Carora, trescientos hombres voluntarios, suficientemente equipados por los vecinos de aquel distrito capitular.[2].   El informe presentado a su comitente, el 24 de septiembre de 1810, le valió las felicitaciones por sus acertadas y fructíferas gestiones.

 El prestigio ganado entre los habitantes de aquella jurisdicción llanera hizo que en diciembre del mismo año lo escogieran como su Diputado a lo que sería el primer Congreso Constituyente de Venezuela; en cuyo seno sobresalió por sus bien fundamentados y elocuentes discursos a favor de la independencia absoluta. El 5 de julio de 1811 está entre los declarantes de esa independencia, la cual dos días después fundamentó sus razonamientos ante el mundo en el Acta redactada por Juan German Roscio y Francisco Isnardi que sería aprobada por el soberano Congreso y firmada por los Diputados, entre ellos Francisco Javier Yanes. También se encuentra su firma aprobando lo que sería la primera Constitución de Hispanoamérica, misma que con gran dificultad intentó dar cohesión jurídica a la incipiente nación venezolana. Su condición de fundador de república está igualmente ganada por ser integrante de la comisión encargada de redactar el primer Código Civil y Criminal del país, e integrante también de la primera Sala de Justicia Ordinaria, valga decir Tribunal, que se instituyo en la República, cuyo primer fin era juzgar a los sublevados de Valencia.

 Participará luego en la refundación de la República en 1830 cuando la desintegración de la Colombia bolivariana sea confirmada por el Congreso Constituyente de Venezuela, del cual fue Diputado y presidente.

Su labor como soldado.
 
 Los todavía no fraguados cimientos legales de la República encontraron pronto resistencia en buena parte del territorio de la Capitanía General; al alzamiento de los canarios de Caracas el mismo julio de 1811 y la sublevación de Valencia, se sumó la llegada del capitán Domingo de Monteverde el 8 de febrero de 1812. Este año trágico tuvo su clímax entre junio y julio cuando la confusión, la suspicacia y la decepción reinaron entre los oficiales, personeros y simpatizantes de la independencia desde 20 de junio (fecha de la primera derrota de Monteverde en La Victoria) hasta el 12 de julio de 1812 (en que se aprueba por parte de las autoridades republicanas iniciar conversaciones para finalizar la guerra) debido a un sin número de sucesos fatídicos que se conjugaron[3]. Todo ese estado de efervescencia emocional llega a su punto de hervor al agregársele el nerviosismo causado por la súbita firma de un tratado de Capitulación el 25 de julio de aquel año, en el cual todos sus términos quedaban sujetos a la buena voluntad del jefe monárquico, Monteverde, sin mayores ventajas para el bando republicano. Así, el 30 de julio de 1812 el puerto de La Guiara era un desparrame de gente intentado embarcase con destino incierto para salvar sus vidas e intereses de lo que creen, no sin razón, será el inicio de fatídicas retaliaciones.

 Entre aquellos pasajeros sin destino iba Francisco Javier Yanes, quien logra llegar hasta Curazao, de donde pasó más tarde a Cartagena y de allí a los llanos de Casanare y luego al Apure, punto en el que junto con Francisco Serrano, Rafael Urdaneta, Manuel Roergas de Serviez y Francisco de Paula Santander constituyeron un efímero gobierno para Venezuela, el cual fue desconocido por los llaneros, que solo aceptaban la autoridad de Páez.

 Había llegado el momento en que los razonamientos jurídicos, éticos y morales no bastaban para sostener el intento republicano; y Yanes también aceptó su responsabilidad de ocupar un puesto en la lucha armada. Tuvo su bautizo de fuego en las acciones de El Yagual (11/10/1816) y en la toma de Achaguas. También sirvió bajo las ordenes de Pedro Zaraza en 1817.

Su labor como jurista.
 
 La actuación de Yanes como legislador dejó en claro sus sólidos conocimientos del derecho. Esto le valió un connotado reconocimiento de quienes ostentaban la autoridad en determinados momentos del amalgamamiento nacional. En febrero de 1818, al reinstalarse la República en Guayana, es designado Ministro de la Suprema Corte de Justicia de Venezuela. En este cargo apenas durará poco más de un mes, pues en mayo es comisionado para establecer y presidir la Corte de Almirantazgo en Villa del Norte (hoy Santa Ana del Norte) en la isla de Margarita. Esta Corte sería trasladada a La Guaira en agosto de 1821, y pocos días después sería nuevamente mudada, esta vez a Caracas.

 Al iniciarse la institucionalización de la República de Colombia establecida desde 1819 y legalizada en el Congreso de Cúcuta de 1821, se establece la Suprema Corte de Justicia en Bogotá, permaneciendo en Caracas la Corte Superior del Distrito del Norte, en la que Francisco Javier Yanes actúa como uno de sus ministros. Presidiría este cuerpo en 1826 en sustitución de Cristóbal Mendoza. En 1829, luego de ocupar varios cargos públicos, fue repuesto a la Corte Superior del distrito del Norte en Caracas.

Su labor como periodista.
 
 En estas labores inicia en 1811 cuando fue designado Censor principal para supervisar el periódico “El Publicista” que actuaba como órgano oficial del Congreso. Posteriormente, como primer producto de lo que será una fructífera asociación editorial con el ilustre Cristóbal de Mendoza, se produce el periódico “El Observador Caraqueño”, cuyo primer número apareció el 1° de enero de 1824, circulando hasta el 31 de marzo de 1825.

 Otra incursión en el periodismo fue cuando formó parte de la Junta Directiva del semanario “El Constitucional Caraqueño”, el cual circuló desde el 13 de septiembre de 1824 hasta el 25 de abril de 1825.

Su labor como historiador.
 
 En 1826 inicia el Dr. Cristóbal Mendoza la labor de publicar la primera recopilación documental sobre la historia de Simón Bolívar y de la Gran Colombia, a la que de inmediato se asocia el Dr. Yanes, dando como resultado la compilación titulada “Colección de Documentos Relativos a la Vida Pública del Libertador de Colombia y del Perú, Simón Bolívar, para servir a la historia de Sur-América”. Dos años después ocurre la muerte del Dr. Mendoza, para entonces se habían publicado 15 tomos de la obra, y queda al frente de esta empresa Francisco Javier Yanes hasta el año 1833 en que apareció el último de los 22 tomos[4]. Si bien en esta publicación no se estructura un sistema histórico ni se interpretan fenómenos socio-culturales del pasado, incluso no se hace ninguna narración de hechos ocurridos, ofrece en cambio una labor previa y necesaria a la historia aplicada: la de recopilación, que en este caso lleva el blasón de haber sido la primera en su tipo no solo en Venezuela sino también en Suramérica; en la que el propio Libertador participó facilitando copias de documentos de su archivo personal[5].

 Pero mucho tiempo atrás hacía que el Dr. Yanes venía preparando sus propios trabajos históricos. A su paso por los diferentes puntos de la geografía nacional, iba recogiendo abundantes datos y documentación para apoyar las interpretaciones históricas que se proponía dar a la estampa. Parece que en la labor de redacción de estos trabajos ocupó los años entre 1818 y 1826, en los cuales preparó los manuscritos (notas, borradores y/o redacciones finales) de cuatro obras: Compendio de la Historia de Venezuela desde su descubrimiento y conquista hasta que se declaró Estado Independiente[6]; Relación Documentada de los principales sucesos ocurridos en Venezuela desde que se declaró Estado Independiente hasta 1821[7]; Memoria Histórico-política sobre la Isla Margarita, apoyada en documentos autógrafos, para servir a la historia de su regeneración y a la mejora de su actual gobierno[8]; Historia de la provincia de Cumaná, en la transformación política de Venezuela, desde el 27 de abril de 1810 hasta el presente año de 1821[9] y la Historia de Guayana.[10]

Su Archivo.


 Los manuscritos de estas obras (gran cantidad de borradores, notas y apuntaciones que luego hilvanaría para darle estructura a cada relato) más los documentos que utilizó como fuente, incluso las galeradas o pruebas de imprenta de lo que sería la segunda edición de la única obra que publicó en vida, fueron guardados celosamente por el Dr. Yanes en su archivo, junto con documentos de la época colonial y otros muchos más provenientes de sus diversas actuaciones como funcionario público, destacando entre ellos los de la Corte de Almirantazgo desde su establecimiento en Villa del Norte (1819) hasta su supresión en Caracas (1822). Tras la muerte de Francisco Javier Yanes, ocurrida el 17 de junio de 1842, este voluminoso archivo quedó en custodia de sus deudos, primeramente de sus hijos Francisco Javier y Emilio, luego de sus yernas Trinidad Ascanio de Yanes e Isabel Martín de Yanes, y posteriormente de sus nietos.
 
  A este archivo en posesión familiar acudieron muchos de los historiadores decimonónicos venezolanos: como el polémico Juan Vicente González, uno de los pocos que refirió el archivo de Yanes como fuente de sus trabajos histórico-biográficos:
“Tomamos estos datos de la Historia inédita del Dr. Francisco J. Yanes. ¡Cuántos tesoros! ¡Cuántos hechos gloriosos encerrados en esas páginas! Ordenó el escritor que no se publicase su obra hasta diez años después de su muerte, y hace veintitrés que falleció sin que haya visto la luz pública”.[11]
 
 Decimos que Gonzáles fue de los pocos que citaron al archivo de Yanes como fuente de sus obras históricas, porque muchos fueron los que, habiendo recibido la deferencia de consultar dichos papeles por parte del propio Yanes o de sus descendientes, luego “olvidarían” señalar la mina de donde extrajeron las joyas; así lo expresa el historiador Caracciolo Parra Pérez:
“Puesto principal entre los autores de historia venezolana, ocupa Francisco Javier Yanes. Sus obras Relación documentada de los principales sucesos de Venezuela hasta 1821, la Historia de Cumaná y la Historia de Margarita, inédita la última, han sido para otros escritores cantera inagotable y, muchas veces, clandestina. Este prócer ha sido literalmente pillado, con la circunstancia agravante de que quienes aprovecharon sus narraciones no tuvieron cuidado de corregir los errores que contienen, y de los cuales los asaltantes solo fueron indicados recientemente por los doctores Mendoza y Lecuna, en el prólogo de la Relación, editada por la Academia Nacional de la Historia.”[12]
 
 En efecto, los historiadores y académicos Cristóbal L. Mendoza y Vicente Lecuna en la introducción a la edición póstuma de esta obra Yanes que cita últimamente Parra Pérez hacen alusión a uno de tantos trabajos históricos que utilizó los escritos y documentos del archivo de Yanes sin indicar la fuente:
“Es interesante observar que, para escribir sus obras, muchos de nuestros historiadores del siglo XIX tuvieron a la vista y aun reprodujeron en parte los manuscritos de Yanes. Seguramente el propio autor o su familia con posterioridad, los facilitaron a cuantos deseaban tomar datos. Muchos periodos, por ejemplo, de la magnífica Historia de Venezuela, obra de nuestro insigne Rafael María Baralt, están indudablemente compuestos con informaciones tomadas de esta relación”[13].
 
 En 1940, por gestiones de Cristóbal Mendoza e intermediación de Emilio Antonio Yanes con el resto de la parentela del prócer, el Gobierno Nacional adquirió el voluminoso archivo de Francisco Javier Yanes, con destino a ser resguardado en la Academia Nacional de la Historia. Esta corporación comisionó al experimentado académico Vicente Lecuna para que organizara este otro cumulo documental y procediera a su encuadernación. Como resultado de esta labor se obtuvieron 35 tomos (38 volúmenes[14]) con los siguientes enunciados:


Tomo
Temática
I
La Colonia 1782-1799. Resoluciones, relaciones o índices de correspondencia, planes de resguardo de las costas, etc.
II
La Colonia 1800-1817. Actuaciones sobre el establecimiento de hospedajes para los oficiales del Ejército Expedicionario, comunicaciones del Obispo de Mérida sobre detención de clérigos, relaciones de reales despachos dirigidos a la Real Audiencia, etc.
III
La Colonia 1818-1829. Expedientes sobre reparación de fortalezas, comunicaciones a la Real Audiencia, causas judiciales, etc.
III Bis
La Colonia 1818-1829. (Continuación del Tomo III).Comunicaciones a la Real Audiencia, documentos relativos a la masonería, solicitudes y pedimentos, etc.
IV
Reales Cédulas y Reales Ordenes 1724-1799.
V
Reales Cédulas y Reales Ordenes 1782-1797.
VI
Reales Cédulas y Reales Ordenes 1803-1826.
VII
Compendio de la Historia de Venezuela desde su descubrimiento y conquista hasta que se declaró Estado Independiente. Caracas, Imprenta de Antonio Damirón. 1840.
VIII
Compendio de la Historia de Venezuela. Manuscritos para aumentar la obra y galeradas de lo que sería la segunda edición, con notas y correcciones.
IX
Relación Documentada de los principales sucesos ocurridos en Venezuela desde que se declaró Estado Independiente hasta 1821. Borrador: parte de la guerra de independencia en Venezuela y América.
X
Relación Documentada de los principales sucesos ocurridos en Venezuela desde que se declaró Estado Independiente hasta 1821. Borrador: parte de la insurrección de 1811 en Carcas y Valencia.
XI
Documentos que sirvieron para sustentar la narración de la Relación Documentada... En su mayor parte copias.
XII
Copia de la “Relación Documentada…”. Tomada de los borradores y notas de Yanes, con correcciones de lenguaje. Mendoza y Lecuna la identifican como escrita por Emilio Antonio Yanes, nieto del prócer[15].
XIII
Estudios geográficos de Venezuela. Notas y descripciones de las provincias de Barinas, Cumaná, Maracaibo, con algunos apuntes históricos.
XIV
Estudios de Yanes sobre derecho y jurisprudencia. También algunos apuntes históricos-geográficos sobre Cumaná y Margarita. Otros documentos.
XV
Estudios de Yanes sobre derecho y jurisprudencia. También algunos apuntes históricos-geográficos sobre Venezuela, Guayana y Perijá. Documentos sobre los asesinatos y fusilamientos ordenados por Boves. Otros documentos.
XVI
Estudios de Yanes sobre política, derecho, jurisprudencia e historia.
XVII
Asuntos Eclesiásticos.
XVIII
Memoria Histórico-Política sobre la Isla de Margarita.
XIX
Borrador de la Memoria Histórico-Política de la isla de Margarita. 
XIX Bis
Continuación del Tomo XIX. Borradores y notas de la Memoria Histórico-Política sobre la Isla de Margarita. Observaciones hechas por Francisco Esteban Gómez a la Historia de Margarita escrita por Yanes. Documentos que sirvieron de fuente a esta obra de Yanes.
XX
Historia de Cumaná. Apuntes documentados sobre la historia de la provincia de Cumaná escritos por Francisco Javier Yanes y recopilados por Emilio Antonio Yanes.
XX Bis
Documentos relativos a la Historia de Cumaná.
XXI
Corte de Almirantazgo. Comunicaciones a la Corte, cuadernos copiadores de esta, actas 1 a 20 de la plenaria de la Corte.
XXII
Corte de Almirantazgo. Actas 1 a 19 de las plenarias de la Corte, cuadernos copiadores, comunicaciones a la Corte, etc.
XXIII
Corte de Almirantazgo. Comunicaciones a la Corte, cuadernos copiadores de esta, borradores de comunicaciones, representaciones de la Corte, etc.
XXIV
Corte de Almirantazgo. Comunicaciones a la Corte, cuadernos copiadores de esta, cartas en francés de Nicolás Joly al Presidente de la Corte, representaciones de la Corte, copiadores de actas de la Alta Corte de Justicia, documentos sobre el bloqueo de las costas de Venezuela, etc.
XXV
Corte de Almirantazgo. Actas de la Alta Corte de Justicia, comunicaciones a la Corte de Almirantazgo, representaciones a la Corte de Almirantazgo, etc.
XXVI
Nociones de Derecho Marítimo. Estudios y notas de Yanes sobre el derecho marítimo, comunicaciones a la Corte de Almirantazgo, carta de Carlos F. Grisanti a Emilio Antonio Yanes sobre los trabajos de derecho marítimo de Francisco Javier Yanes (18/03/1920), nota de Emilio Antonio Yanes sobre el prólogo de la obra de Francisco Javier Yanes, copias mecanografiadas de los documentos manuscritos de este tomo, etc.
XXVII
Apuntamientos sobre la Legislación de Colombia. Apuntes de Francisco Javier Yanes sobre la Constitución y el Congreso de Colombia, Actas de la Municipalidad de Caracas sobre la Constitución de Colombia, copias mecanografiadas de varios documentos de este tomo, etc.
XXVIII
Cartas de Próceres- Biografías. Cartas a Francisco Javier Yanes de Juan Bautista Arismendi, Lino de Clemente, Ramón Ignacio Méndez, José Antonio Páez  y otros; relación de las hazañas de Mac Gregor y Piar, datos biográficos sobre Antonio Ascanio, Pedro Gual, Gerónimo de Ustáriz, Telésforo de Orea; carta de J. M. Restrepo sobre orden del Libertador de enviar a Yanes copias de documentos; fe de bautismo, de confirmación y documentos sobre limpieza de sangre de Yanes, notas y constancias de los sueldos que se le deben y los pagados, etc.
XXIX
Relaciones Históricas- Congresillo de Cariaco. Comunicaciones del primer agente de Venezuela en los Estados Unidos, Telésforo de Orea, a varias autoridades; relación de los sucesos ocurridos en Valencia en 1814 por Juan Escalona y Miguel Peña para Yanes, relaciones de varios episodios de la guerra de independencia escritos para Yanes por José Tadeo Monagas, Feliciano Montenegro Colón, José Manuel Olivares, Josef Paúl, Eduardo Stofford, Pedro Zaraza; decretos de Luis Brion, etc.
XXX
Guerra de Independencia en Venezuela- República de Colombia. Apuntes de Yanes sobre actuaciones de las Cortes Nacionales, Consejo de Regencia y Audiencia; juicios de infidencias a varios, comunicaciones y decretos de Luis Brion, cartas a Yanes, comunicaciones al Presidente de la Corte de Almirantazgo, comunicación a Yanes sobre su nombramiento como Fiscal de la Corte de Justicia en Bogotá, rechazo al cargo anterior, etc.
XXXI
Corte de Justicia/ Colombia 1821-1830/ Venezuela 1830-1851. Actas de la Alta Corte de Justicia, recusaciones, recursos de nulidad, sentencias, confirmaciones de sentencias, consultas a la corte, contestaciones de Yanes a estas consultas, etc.
XXXII
Marina-Brion y Clemente. Oficios del almirante Luis Brion a varios, oficios de Lino de Clemente al Presidente de la Corte de Almirantazgo, representaciones y comunicaciones de Guillermo Robinson al Gobernador y Capitán General sobre derechos mercantiles y reclamos (1805), etc.
XXXIII
Impresos 1801-1830.
XXIV
Impresos 1801-1830.
XXXV
Historia de la Corte de Almirantazgo. Apuntes para la Historia de la Corte de Almirantazgo escritos por Emilio Antonio Yanes, Reseña Histórica sobre la Corte de Almirantazgo, documentos complementarios de la reseña,
     
 Según describen las contraportadas de los tomos antes señalados, en los trabajos de
organización de los documentos de este voluminoso archivo participó junto a Vicente Lecuna la experta paleógrafa Esther Barret de Nazarís. En este punto debemos señalar, sin embargo, varios errores que se cometieron cuando se encuadernaron los documentos que hoy pueden dificultar la investigación. En primer lugar, destacaremos uno muy frecuente a la hora encuadernar manuscritos anteriores al siglo XX, y es el hecho que no se dejó suficiente margen entre la escritura y el borde donde se realizó la costura de los legajos y folios, dando como resultado que muchos documentos queden parcialmente ocultos entre las juntas de encuadernación y su lectura completa, en algunos casos, se haga imposible. Otro error común, aunque menos frecuente verlo en los varios trabajos que de este tipo realizara la dupla Lecuna-Barret de Nazarís, es que muchos folios fueron intercalados donde no correspondía, dejando una o varias hojas de un documento dispersas entre otros sin relación, dando como resultado que se rompa la continuidad original, el sentido de la lectura y dejando la sensación de que el documento está incompleto cuando lo que realmente ocurres es que se encuentra disperso; incluso encontrándose partes de un mismo documento en varios tomos. Esto puede verse, por ejemplo, en el borrador de la Representación de la Corte de Almirantazgo en el que se reclama lo escaso de las remuneraciones asignadas al Presidente y Fiscal de dicho cuerpo, el cual inicia en los folios 17 al 18 del tomo XXII y concluye en los folios 115 al 116 del mismo tomo; o la solicitud de suspensión de imposición de cuotas mensuales a varios vecinos que hace el Teniente Justicia mayor del pueblo de Maracay, que parte del folio 165 quedando inconcluso en el 170 del tomo III y la parte final se encuentra en los folios 223 y 225 del tomo III bis.      

 Resultado de la labor del Departamento de Investigaciones Históricas de la Academia
Nacional de la Historia, Herminia Méndez Sereno publicó el Índice de Títulos de este voluminoso archivo, inserto en su trabajo “El Almirantazgo Republicano 1819-1822”, volumen 89 de la serie Fuentes para la Historia Republicana de Venezuela, páginas 193 a 490; seguido de un Índice Onomástico y de otro Analítico-Geográfico. Este instrumento de consulta permite recuperar la información que ofrece el archivo de Francisco Javier Yanes describiendo cada uno de los documentos de un tomo mediante la asignación de un título que indica, generalmente: el nombre de personas, lugares, asunto, fechas y números de folios que intervienen en la creación del documento en cuestión. Que los investigadores cuenten con este tipo de instrumentos de descripción fuera de los espacios del archivo que conserva los documentos, facilita en gran medida la localización de determinado documento, reduce la manipulación de los originales que por más que se traten con sumo cuidado, siempre se verán afectados por esta, y ahorra mucho tiempo al investigador y espacio a los archivos. Sin embargo, en este caso particular, se obvió alguna información indispensable tanto para el investigador como para el control interno del archivo, y es que al momento de describir la gran cantidad de manuscritos que conforman el archivo Francisco Javier Yanes, en muchísimos casos no se detalló si se trata de un original o una copia; y en el caso de las copias si estas son autenticadas o simples, coetáneas o posteriores.
 
 La calificación de padre de la historia venezolana para Francisco Javier Yanes le fue dada por otro acucioso cultivador del arte de Clío, Vicente Lecuna: “El Dr. Francisco Javier Yanes es el padre de nuestra historia. Él fue el primer venezolano que logró formar una colección de documentos históricos y junto con el Dr. Cristóbal de Mendoza publicó la ´Colección de Documentos para la vida pública del Libertador de Colombia y del Perú, Simón Bolívar´”[16]. Si bien el hallazgo de posteriores datos haría corregir a Lecuna el origen de la publicación de la “Colección de documentos…”, es un hecho que Yanes fue el primero que publicó una historia venezolana inspirado en la concepción de “historia patria” que se forjó en el siglo XIX[17]. Que hoy se conserve el conjunto documental por él producido y reunido enriquece nuestro patrimonio documental; y brinda una herramienta de capital importancia, pues las fuentes originales son indispensables para el historiador ya que hacen científica a la disciplina, permiten descubrir, estudiar y analizar circunstancias, fenómenos y hechos en el abordaje histórico.



[1] De ese matrimonio nacieron tres hijos: Francisco Javier, Emilio y Nicanor.
[2] Parejo, Antonio; Historia de Colombia. Caracas. Editorial América. 1912, pág. 155.
[3] Para una compresión amplia de los sucesos previos a la Capitulación de San Mateo, véase la descripción y referencias de Caracciolo Parra Pérez en Historia de la Primera República, cuarta parte El Generalísimo (descarga la edición de la Biblioteca Ayacucho de 1992 aquí).
[4] En ese mismo año aparece otro tomo de la “Colección de Documentos relativos a la vida Pública del Libertado…”, apéndice al tomo 21. La tradición bibliográfica venezolana le atribuye la preparación y edición de este tomo al Licenciado Antonio Leocadio Guzmán. Entre otras particularidades, en este apéndice se insertó la publicación en castellano más antigua que se conoce de la famosa Carta de Jamaica.
[5] Archivo de Francisco Javier Yanes, tomo XXVIII, folio 141 frente 142 frente.
[6] Publicado en vida del autor en Caracas, Imprenta de A. Damiron (así se lee en la portada), 1840.
[7] Publicado por primera vez por la Academia Nacional de la Historia en Caracas, Editorial Elite, 1943.
[8] Publicado por primera vez en el Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Tomo XXII, abril-junio de 1939, N° 86 como “Memoria Histórico-Política sobre la isla de Margarita”. 
[9] Publicado por primera vez por el Ministerio de Educación Nacional-Dirección de Cultura y Bellas Artes. Caracas, 1949 como “Historia de la Provincia de Cumaná (1810-1821)” con trascripción del manuscrito original por el Dr. Héctor García Chuecos.
[10] También publicó un pequeño folleto titulado “Apuntes históricos con algunas observaciones sobre el principio, progreso y termino de la sublevación en la capital de la República de Venezuela el 8 de julio de 1835”. Este folleto salió de la imprenta de Valentín Espinal en 1836, y al igual que otras de sus publicaciones, iba firmada por el anónimo Un Venezolano.
[11] Citado en Alfonzo Fernández, Adalberto: “Mis investigaciones y algo más”. Compilación y prólogo de Isabel Hernández Rivas. Impreso en los Estados Unidos de América. Tomo III, pág. 62.
[12] Ibíd. pág. 63.
[13] Yanes, Francisco Javier: Relación Documentada de los principales sucesos ocurridos en Venezuela desde que se declaró Estado Independiente hasta 1821. Publicada por la Academia Nacional de la Historia bajo los auspicios del Gobierno Nacional. Tomo Primero. Caracas Editorial Elite, 1943, pág. VI-VII.
[14] Los tomos III, XIX y XX tienen una extensión o continuación signado como III Bis, XIX Bis y XX Bis. 
[15] Yanes; Ibíd., pág. XVI.
[16] Lecuna, Vicente; “La Historia y el patriotismo”, en Boletín de la Academia Nacional de Historia. Tomo XXII, abril-junio de 1939, N° 86; pág. 215.
[17] Aunque Andrés Bello publicara su Resumen de la Historia de Venezuela en 1810, esta importante obra se enmarca dentro del periodo colonial y su discurso está desarrollado en tal concepción.