Paginas

Pages - Menu

Pages - Menu

martes, 31 de octubre de 2017

Documentos: Proclama de Bolívar a los venezolanos sobre su designación como Presidente Interino y llegada de la Legión Británica.

 En el tomo 25 de la sección "Memorias del General O´Leary" del Archivo del Libertador, al folio 146 se encuentra este documento que es una proclama del Simón Bolívar a los venezolanos con motivo de haberse instalado el Supremo Congreso Nacional: segundo cuerpo legislativo que se forma en la República de Venezuela y el primero luego de la reconquista del país por las armas españolas tras la desintegración del que declaró la independencia el 5 de julio de 1811.

 Esta Proclama sería luego impresa en hoja suelta para que circulara por todo el país, en la imprenta de Andrés Roderick (la cual también insertamos tomándola del ejemplar de la Biblioteca venezolanista “Lord David Eccles” de la Fundación John Boulton). Afortunadamente hoy contamos con este original para corroborar, entre otras cosas, la fidelidad de los textos con los que se informaba el pueblo de Venezuela durante la guerra de independencia y primer tercio del siglo XIX.



SIMÓN BOLÍVAR,
"Presidente Interino de la República de Venezuela, Capitán General de sus Ejércitos y los de la Nueva Granada, &.,&., &.

Cuartel General de Angostura, a 20 de febrero de 1819. 9°

Venezolanos!
El Congreso general de Venezuela ha reasumido el Poder Soberano que antes me habíais confiado: yo lo he devuelto al pueblo trasmitiéndolo a sus legítimos representantes.

La Soberanía Nacional me ha honrado nuevamente encargándome el Poder Ejecutivo bajo el título de Presidente interino de Venezuela. Venezolanos! Yo me siento incapaz de gobernaros; así lo he representado por muchas veces a vuestros Representantes y a pesar de mis justas renuncias he sido forzado a mandaros.

Soldados del Ejército Libertador! Mi única ambición ha sido siempre la de participar con vosotros de los peligros que arrostráis por la República.

Ciudadanos! Una Legión Británica, protectora de nuestra Libertad, ha llegado a Venezuela a ayudarnos a quebrantar nuestras cadenas: recibidla con la veneración que inspira el heroísmo benéfico. Abrid vuestros brazos a esos extranjeros generosos que vienen a disputarnos los títulos de Libertadores de Venezuela.

SIMÓN BOLÍVAR"



sábado, 21 de octubre de 2017

El manuscrito más antiguo que se conoce del Himno Nacional de Venezuela.


 Conocida desde su creación como Gloria al Bravo Pueblo, fue esta canción una de las muchas entonaciones que surgieron como consecuencia y para avivar los cambios políticos que se suscitaron en los territorios dominados por la corona española en América durante las tres primeras décadas del siglo XIX. Su nacimiento está ligado a la existencia republicana de Venezuela desde su génesis, pues la exaltación de espíritu que dio origen a esta en los sucesos del 19 de abril de 1810 fue también la que dio origen al patriótico canto producto de los mismos sucesos, con una gran posibilidad de que ocurriera en la misma fecha.

 Las primeras referencias que se tienen del Gloria al Bravo Pueblo están dadas por uno de los personajes que fue protagonista de lo que algunos han venido en llamar “el primer golpe de estado” en la historia de Venezuela. Se trata de Vicente Basadre, Intendente de Ejercito y Real Hacienda y una de las autoridades depuestas en Caracas durante la revuelta de aquel jueves santo de 1810, quien refiere, en un largo memorial que escribe al Rey desde el barco en que sale expulsado, que “lo más escandaloso fue en las canciones alegóricas, que compusieron e imprimieron de su independencia, convidaban a toda la América Española, para hacer causa común, y que tomasen a los caraqueños por modelo para dirigir revoluciones[1] en clara alusión a la tercera estrofa del hoy Himno Nacional de Venezuela:
'Unidas con lazos
que el cielo formó,
la América toda
existe en Nación,
y si el despotismo
levanta la voz
seguid el ejemplo
que Caracas dio'.

 La popularidad de aquella canción era ya extendida apenas un año después de su creación, según se desprende de la referencia que de ella hace otro personaje de los que concurrieron en los sucesos de 1810, el canónigo José Cortés de Madariaga, quien narra que mientras regresaba a Caracas desde Bogotá es gratamente sorprendido por uno de sus compañeros de viaje a quien “su inclinación [de musico] lo obligó a tomar la flauta para ejecutar la canción de Caracas, Gloria al bravo pueblo, etc... y al resonar el suave instrumento unieron sus voces los que sabían la letra e hicieron sentir los ecos de la libertad a los bogas, interrumpiéndoles por largo intervalo que continuasen su ejercicio y produciendo en mi corazón emociones tiernas”[2]. No ha sido posible localizar, hasta ahora, ningún documento que certifique quienes fueron los creadores del patriótico canto, sin embargo la tradición oral, que es otra fuente para sustentar la historia, ha indicado desde un primer momento que sus autores fueron Vicente Salias para la letra y Juan José Landaeta para la música; y aunque no ha quedado esta afirmación exenta de refutación, pues importantes historiadores y musicólogos han argumentado que también pudiera tratarse de una obra compuesta por Andrés Bello y Lino Gallardo, la falta de tan codiciada prueba para ambas posturas, hace inclinar la balanza hacia el lado de la tradición más antigua, que es a favor de los primeros.

 En 1938 la Biblioteca Nacional de Venezuela adquiere, por compra que realizara para ella su entonces director Enrique Planchart, el archivo de José Ángel Montero (1832-1881) célebre compositor y director musical, integrante de una “…ilustre familia de músicos venezolanos que dominan la escena musical durante todo el siglo XIX” a decir de Juan Francisco Sans[3], y que para la fecha se encontraba en poder de sus descendientes. Para comprender el contenido de este conjunto documental, se comisiona al reconocido musicólogo Juan Bautista Plaza, a quien acompañará en esta labor el entonces estudiante Antonio Estévez; serán estos investigadores quienes, mientras preparan el inventario de la recién adquirida colección musical, realizarán el importante hallazgo de un apógrafo o copia manuscrita de una partitura del Gloria al Bravo Pueblo que, según el maestro Plaza al realizar el estudio del papel y la caligrafía, sería realizado entre 1840 y 1845 por Atanasio Bello Montero, otro importante compositor decimonónico y pariente cercano de José Ángel Montero. Este viene a ser el manuscrito más antiguo hasta ahora conocido del Himno Nacional venezolano.

 El maestro Juan Bautista Plaza describe este documento integrado por “ocho papeles correspondientes a los instrumentos siguientes: 2 flautas, 2 cornos en Do, trombón, timbales, violín 1°., violín 2°., viola y bajo”, destacando que “faltan, por desgracia, las partes vocales”[4]Continúa reseñando luego el maestro Plaza que la canción está escrita “en la tonalidad de Do mayor y su aire o movimiento se indica con las palabras Paso redoblado, o sea, paso de marcha militar.”[5]

 El musicologo y Director de la Biblioteca Nacional, Ignacio Barreto[6]encuentra en el manuscrito Bello Montero de la Biblioteca Nacional importantes similitudes con versiones posteriores del Himno Nacional que merecen destacarse, ya que este documento bien pudo ser la fuente de donde se tomaran algunas de esas otras versiones:
1.        Breve introducción de cuatro compases sobre los acordes de tónica-dominante-tónica.
2.        Figuración de la melodía en progresión sobre los dos últimos versos del estribillo.
3.    Escala ascendente como puente en la repetición del estribillo y entre la estrofa y el estribillo.
4.        Repetición de todo el estribillo.[7]

 Por su parte, Juan Bautista Plaza enumera algunas diferencias entre la canción de este apógrafo y la que al día consideramos la versión oficial del Himno Nacional que, si bien “no son estas (…) tan substanciales como para alterar las líneas generales o modificar el carácter general de la obra” hemos de anotarlas para agregar elementos a la singularidad del manuscrito:
1.        La entrada del coro va precedida de una brevísima introducción musical de cuatro compases: simples acordes de tónica y dominante.
2.        Ausencias de las anacrusas que proceden a los compases 5°. y 9°.
3.        Repetición igual de los compases 13°. y 15°.
4.        Forma melódica de la anacrusa de los compases 16°. y 20°.
5.        Giro melódico de acompañamiento y armonización sobre la dominante del compás 17°.
6.        Variantes melódicas de los compases 26°., 28°., 31°., 32°. y 33°.[8]

 Otra peculiaridad de este documento es que al dorso se encuentra trascrito el Himno Nacional de Chile, con variantes con respecto al que para la fecha se consideraba la versión oficial de la canción patriótica chilena. La designación que da el manuscrito de Atanacio Bello Montero a cada composición es Canción Nacional, distinguiendo con el N° 1 al caso venezolano y N° 2 al caso chileno.

 Todas estas particularidades del orden artístico-musical, así como el valor histórico y probatorio que de él se puede extraer, convierten al manuscrito del Gloria al Bravo Pueblo que se conserva en el archivo José Ángel Montero de la Biblioteca Nacional en una auténtica joya que engalana el patrimonio documental de Venezuela.




[1] Citado por Tomas Gonzalez en su artículo: Memoria de la Desdicha: Los realistas cuentan su versión del 19 de abril de 1810. Tiempo y Espacio N° 61 enero-junio, 2014, pág. 373; revista arbitrada editada por el Centro de Investigaciones Históricas Mario Briceño Iragorry.
[2] Citado por José Antonio Calcaño en La ciudad y su música: Crónica musical de Caracas. Caracas, pág. 168-169.
[3] Sans, Juan Francisco. “Nuevas perspectivas en los estudios de música colonial venezolana”. Revista Musical de Venezuela. Caracas: ILVES-CONAC, año XVII, septiembre-diciembre 1997, N°35, pág. 27 nota 98.
[4] Plaza, Juan Bautista. Revista Musical de Venezuela. Caracas: ILVES-CONAC, año 2, N° 4 mayo-agosto 1981, pág. 27
[5] Ibid.  
[6] Musicólogo y Profesor, jefe de la Colección de Sonido y Cine del Archivo Audiovisual de Venezuela, donde se encuentra el Archivo de José Ángel Montero.
[7] Barreto, Ignacio; Gloria al Bravo Pueblo: Un enigma, una polémica en el tiempo. Revista Musical de Venezuela, Ministerio del Poder Popular para la Cultura-Fundación Compañía Nacional de Música, Caracas; N° 51, mayo-agosto de 2016, pág. S/N, edición digital descargable.
[8] Plaza…Ibid.

viernes, 13 de octubre de 2017

El General O´Leary lleva el Archivo del Libertador a Nueva Granada.

Por el 10 de abril de 1844 llega el general de Brigada del Ejército Libertador grancolombiano
Daniel Florencio O´Leary cerca de 1850
Daniel Florencio O´Leary a la ciudad de Bogotá, capital de la entonces República de Nueva Granada como lo había sido de la extinta Colombia (la grande), a ocuparse de su nuevo empleo como Encargado de Negocios de Gran Bretaña en aquella nación. Desde su viaje de 1834 por Europa, había gestionado con sus conciudadanos irlandeses y británicos la designación de representar a su primera patria en tierras americanas; y habiendo ocupado cargos menores de la misma actividad en Venezuela, pasa entonces a un territorio ya trajinado por él. Sin duda los recuerdos, algunos gratos otros no tanto, asaltarían las emociones de la familia O´Leary-Soublette, que en medio de tantos amigos podía sentirse como en otra parte de la misma patria.

  ¡A casi tres lustros desde que comenzó el camino de la posteridad (mayo de 1830) en diez baúles organizado por Manuelita, regresan los papeles de Bolívar al punto de partida, pero esta vez remozados con las ampliaciones de un custodio tan fiel y leal como lo fue la primera!

  Las actividades diplomáticas de O´Leary no debieron ser muy envolventes como para distraerlo del compromiso que con Bolívar y la posteridad había asumido desde mucho tiempo atrás; y era Bogotá el sitio ideal para revisar papeles, por ser sus archivos públicos más antiguos y mejor organizados que en Venezuela, además que en esa ciudad, y aquella República en general, se encontraban otros también antiguos compañeros de armas y funciones (algunos de ellos fervientes bolivarianos como Tomas Cipriano de Mosquera) que podían franquearle documentos y cartas relacionados con el Libertador, amén de que los testimonios de ellos serían esclarecedores para tantos episodios y situaciones que estaban siendo descritos por el fiel Edecán. Es muy probable que durante los ocho años continuos (1844-1852) que estuvo en Bogotá el incansable custodio, fuera cuando la “sección de O´Leary” del moderno Archivo del Libertador se nutriera de tantos documentos dirigidos o emitidos por personajes neogranadinos durante gesta de independencia.


La muerte de O´Leary.

  Dijo el escritor estadounidense Henry Van Dyke El día de tu muerte sucederá que lo que tú posees en este mundo pasará a manos de otra persona. Pero lo que tú eres será tuyo por siempre”. Lo que fue el general Daniel Florencio O´Leary está indiscutiblemente plasmado en los títulos que la posteridad le ha consagrado: el Fiel Edecán y Evangelista del Libertador. 

¿Qué decir de lo que él poseía, y que nos interesa en este trabajo? La muerte, siempre prematura, lo encontró el 24 de febrero del año 1854, sin haber terminado de redactar las Memorias que habrían de ser la historia nacional de cinco países. Pero quiso el precavido irlandés dejar todo arreglado para asegurarse a manos de quien pasarían sus cosas, y fue tal la razón para dejar un largo testamento que en su cláusula décima expresa:

  “Entre mis papeles se encuentran correspondencia y documentos muy importantes, relativos a la historia de la República de Colombia, Perú y Bolivia, y manuscritos trabajados por mí, sobre los hechos del Libertador Bolívar. Encomiendo la custodia de todos estos papeles, de acuerdo con su madre, mientras viva, a mis hijos Simón y Carlos: les prohíbo que los publiquen o lean a nadie, antes del año de mil ochocientos sesenta; y el valor que ellos puedan tener, será un legado que les dejo, si verificaren la renuncia de que hablo en la cláusula anterior. En caso de no hacerlo, este valor se repartirá con igualdad entre todos mis hijos, o sus legítimos representantes, cuando llegue la época de conocerlo y realizarlo.”[1]

  ¡Nuevamente se encuentran los papeles de Bolívar en una disposición testamentaria, cuyo cumplimiento queda, naturalmente, a voluntad de otras personas cuyas circunstancias pudieran colocarlos entre ejecutarla o no!

  La cláusula que O´Leary llama la “anterior” se refería a que Simón y Carlos O´Leary Soublette debían renunciar a los derechos legítimos que pudieran tener en la herencia de su padre a favor de su madre y hermanos. Sin duda Simón B. O´Leary cumplió con lo dispuesto en la referida disposición, ya que finalmente fue él quien realizó la edición de la obra de su padre a partir de 1879 en Venezuela; pero, entre esta última fecha y la muerte del Fiel Edecán, transcurrieron 25 años de estadía de los papeles de Bolívar en territorio neogranadino.

(Sigue los pasos del Archivo del Libertador en la siguiente entrada dando clic aquí)



[1] Rumazo González, Alfonzo: Daniel Florencio O´Leary Edecán del Libertador. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas, 2008. Pág. 299.

martes, 10 de octubre de 2017

Documentos: Certificado de estudios de Francisco de Miranda.

En el folio 2 del tomo I de la sección “Viajes” del Archivo de Miranda se puede leer el certificado de estudios emitido por el Secretario de la Universidad de Caracas a favor de Sebastián Francisco de Miranda en 1767. Se trata de la constancia de que el joven caraqueño tomó un curso de artes, lo que podría ser hoy equivalente a la educación secundaria, cuya formación incluiría clases de latín, gramática, aritmética, historia y geografía, entre otras. Aunque propiamente no es el titulo de Bachiller, que se otorgaba al concluir satisfactoriamente todo el periodo de capacitación, nos da una idea de la instrucción con la que el futuro Generalísimo y Almirante se dio a la mar, y a la aventura, tres años y medio después. Junto al documento en cuestión, insertamos la transcripción para facilitar su lectura.



Transcripción.

Marcos de Madrid, Secretario de la Real y Pontificia Universidad y Estudio General de Sa. Santa Rosa de esta ciudad de Caracas, certifico y doy fe como habiendo visto y reconocido los Libros de mi cargo, hallé que Don Sebastián Francisco de Miranda, natural de esta ciudad, dio un curso de Artes que en esta Universidad leyó el Dr.  Don Francisco José de Urbina, como consta del dicho Libro y certificación del referido catedrático, y de requerimiento del referido Don Sebastián doy la presente en Caracas a treinta de Junio de mil setecientos sesenta y siete años.

Marcos de Madrid.
Secretario de Universidad.
[Al margen, un signo notarial.]